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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4
 
Las formas

Belisario miró en torno, estupefacto. Las cinco formas reverberaban, tenues pero intensas (y el sintió que no existía ninguna contradicción en ello). Al mirarlas nuevamente, las vio fluctuar, fundirse lentamente en una, y luego separarse rápidamente en pentágono a distancias simétricas alrededor suyo, casi simultáneamente comprobó que no había necesitado girar la cabeza para observar las dos que quedaban detrás de él.

-"Efectivamente"- llegó de nuevo el pensamiento de su amigo a su mente- "Usted está ahora en sí mismo y casi en todas partes, es decir, en todas partes donde desee estar. Su cuerpo físico no lo determina ya en absoluto. Y en cuanto a mi casquete, ¿qué le parece el suyo?"

Y al instante Belisario se vio a sí mismo, un poco desde arriba, con un bonito gorro de dormir de lana color verde claro, terminado en una borla rosada que caía lánguidamente.
-"¿Cómo es que no la tenía antes, Ingeniero?"
- "Porque no la había evocado, lo cual sucedió cuando yo le hice la pregunta. Ya ve que ahora, bajo el influjo de las formas, usted puede ver, o recordar, o evocar, todo aquello que verdaderamente desee, o deseaba, quizá sin saberlo conscientemente. Tal vez siempre ha deseado tener un gorro de lana, terminado en borla".

Entonces Belisario se explicó por primera vez el regocijo que le causaba ver en comedias cinematográficas o televisivas a personajes con gorros como aquel, y volvió a ver con cristalina claridad como, a los cuatro años, había deseado fervientemente tener un gorro igual al tejido y obsequiado, para consolarlo, a su enfermo y calvo padre por su hermana predilecta.

- "¡Pero ese es un deseo que tuve a los cuatro años! ¿Es que podemos retroceder en el tiempo? Y a propósito, ¿para que sirve su casquete?", preguntó, disolviéndose el gorro junto con su recuerdo.
- "No estamos sujetos ni al espacio ni al tiempo comunes. Y mi casquete me sirve para perfilar, además de sus pensamientos, sus deseos, sus motivaciones. Pero no se alarme por ello. No puedo arriesgarme demasiado con este experimento. Pues aunque usted es una persona muy especial, uno nunca sabe".
- "¿Quiere decir que yo podría resultar... peligroso?"
-"Descabellado, más bien. Pero hasta ahora, su asombro es normal, y su recelo va desapareciendo rápidamente. Piense ahora en algo que le gustaría comprobar. Pero no me hable de cosas comunes o banales, como carteras extraviadas o qué se hizo de aquella novia que usted tuvo. Piense en algo verdaderamente importante, trascendente, que usted haya querido en algún momento saber o conocer bien."

Por un instante, Belisario pensó que todo aquello era un gran disparate, pero enseguida recordó los extraordinarios poderes de los chamanes mexicanos, quienes pueden abandonar su cuerpo físico y transfundir su espíritu, por ejemplo, en el de un cuervo; o los experimentos de hipnosis profunda que parecen comprobar la reencarnación, la cual sería el vehículo cósmico para transfundir tanto el pasado como el futuro... en un presente eterno. "Y si en base a las investigaciones que a nivel mundial ejercen los consorcios a los cuales está asociado y lidera Hernández, sería maravilloso poder confirmar, por ejemplo, la procedencia de los aztecas del lago llamado Aztlán, en fecha indeterminada a partir del siglo X, o su apropiación de la civilización Tolteca en el siglo XIII, o si verdaderamente la voz Mecci que daban al agave, importante para ellos por su jugo embriagante, dio origen al nombre del actual México..."

- "Desearía conocer el real origen del pueblo Azteca, Ingeniero. Remónteme usted, si puede, en el pasado antes del siglo X, en Centroamérica".
- "¿Tiene usted algunas ideas al respecto?"
- "Lo que se conoce , algunas de mi cosecha, aunque..." 
- "Entonces lo lamento"- interrumpió Hernández el mensaje mental - "Debe tratarse de algo sobre lo cual no tenga ideas preconcebidas; de otro modo, existe el riesgo de que su imaginación predomine sobre su observación, y la distorsione o la anule".
- "¿Entonces?" - "Veamos alguna otra cosa. Algo que le interese pero en lo cual no sea versado. Aparte de la arqueología y la antropología, ¿qué hay de importante que le interese, o alguna vez le interesó?"
- "Pues... de muchacho, usted sabe, a los dieciséis o diecisiete años, cuando no sabía aún a qué dedicar mi vida, pensé en el seminario. Me intrigó mucho la película "El exorcista", y reparé en lo maravilloso de un hombre - en este caso el sacerdote - capaz de lidiar con el demonio. Pero luego tuve el infortunio de leer mucho y, usted sabe, el conocimiento es enemigo de la fe sencilla. Luego conversé con amigos sobre Jesucristo y me dije: "Si yo pudiera verlo, saber que ha vivido realmente, que ha hecho sus milagros sin lugar a dudas, entonces tal vez podría practicar su fe del amor, del perdón y del desapego a los bienes terrenales. Es decir, creo que me gustaría ver a Jesucristo, confirmar su existencia".
- "¿Ha indagado usted sobre él?" 
- "No... Bueno, he leído la Biblia; en particular, los evangelios y los libros del Nuevo Testamento. Y algunas cosas importantes sobre él, como la "Historia de Cristo", de Papini."
- "¿Qué aspecto cree usted que tenía?"
- "No lo sé. Esa es una de las cosas que me intrigan. No creo en las apariencias de postín que se acostumbra dar a los santos". 

Se produjo una pausa en el intercambio telepático, indicio de que Hernández reflexionaba, hasta que "dijo":

- "Está bien... y créame que me emociona la perspectiva... vamos a ingresar por unos momentos a la intemporalidad cósmica. Estamos en 1997. Para conocerlo de treintidós años, uno antes de su muerte, regresará usted al año..." - "¡Un momento, ingeniero!" - transmitió Belisario en un arrebato- desearía, ya que de Cristo se trata, presenciar la crucifixión" 
- "Bueno, aunque eso no le da chance a escuchar sus prédicas. Regresará usted entonces al día..." 
- "¡Ingeniero!" - Belisario había sentido un ramalazo de temor - "¿Regresaré con estas ropas, con este gorro? ¿Qué podrían pensar de mí entonces? ¿Qué podrían hacerme?" 

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Carlos Bancayán
Profesor de ciencias, poeta y narrador. Nació en l943 en Chiclayo, cálida ciudad del norte peruano. Integra la directiva de la Asociación Cultural Amigos de Max Dextre, de la Asociación de Escritores Lambayecanos, ADEL, y de la Casa del Poeta Peruano, filial Chiclayo.

En l975 publicó "Poemas dispersos", una antología de su producción primigenia, y en l979 su libro de poesías "Sentidumbres, la costumbre de sentir". "Pastor de colibríes", su tercer poemario, vio la luz en l994,y su libro de cuentos "Las formas", en l997.

Ha obtenido diversos premios, como literato y también por su calidad de promotor cultural.

También conferencista y periodista de opinión, es constante partícipe del quehacer cultural e intelectual de su pueblo.
Las formas
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