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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4
 
Las formas

El joven guardó silencio mientras Quintana regresaba cizalla en mano, seguido por un ayudante que portaba una palanqueta.

- Para el tamaño de las piezas descritas en las guías, se trata de una caja muy grande, ingeniero -dijo el almacenero, algo perplejo.
- Es que se trata de un embalaje especial. Ya habrá notado usted que las cajas no son muy pesadas; - explicaba Hernández mientras sus trabajadores se afanaban cortando zunchos y levantando la tapa de la gran caja, cuya altura llegaba hasta el pecho de Quintana- es que la espuma especial que sirve de relleno, hecha de tal manera que conserva una temperatura uniforme, debe estar en una determinada proporción en relación al volumen del objeto que alberga y protege, para que sus muy especiales cualidades no se vean afectadas por la levísima variación en las radiaciones cósmicas que ha originado el cambio de latitud. Venga, Belisario, acérquese.- Y palpando a través de la sustancia de relleno, especie de lana que despedía un olor levemente astringente, extrajo un objeto alargado, de color purpurino, de unos cincuenta centímetros de altura y extrañamente curvado en un extremo. La primera impresión que se obtenía era la de una escultura modernista, levemente parecida a una gota gigantesca excepto en su ganchuda cúspide, aunque a Belisario le pareció también una garrafa cuyo pico hubiera sido caprichosamente estilizado. El material tenía un brillo que, por lo uniforme, producía un ligero mareo. "¿Por qué?", se preguntó, cuando con asombro se percató de que esta forma extraña no poseía los normales reflejos de toda superficie curva y lisa, sino que más bien emitía una luz tenue y tibia, levemente purpurina.

Al notar el asombro de su joven amigo, Hernández dijo:
- Sí, efectivamente... se trata de un efecto muy especial: este objeto no solamente absorbe la luz sino que la retiene, la conserva y la distribuye de manera igual en todos sus puntos; pero eso no es todo lo que hace. Venga conmigo Quintana, me prestará usted su oficina durante veinte minutos. Encargue a Alicia alguna tarea en el archivo general o envíela a la cafetería, si aún sigue de golosa. Si hubiera llamadas para mí, que me las retengan, por favor.
- Está bien, Ingeniero.

Caminaron hasta ingresar a la más bien pequeña pero agradable oficina, anexa al almacén. Al igual que en las demás paredes del establecimiento, en este ambiente Belisario encontró un visible lema: "Piensa... pero mientras tanto no dejes de actuar".

- Mi primorosa Alicia- dijo Hernández al entrar, a guisa de saludo-: para que usted nos preste su oficina, Quintana le va a invitar un helado de achicoria. Veinte minutos de soledad, por favor, y que me retengan las llamadas si las hubiera.
- Está bien Ingeniero, pero prefiero un helado de tamalito. ¿Qué es eso?, preguntó, refiriéndose a la forma.
- Algo que no le voy a regalar el día de su matrimonio. Cierre cuando salga, por favor.
- Okay, Ingeniero, permiso.- Dijo la agraciada joven dirigiendo a Belisario una mirada de interés. Este le sonrió y la chica salió, cerrando suavemente la puerta. Hernández aplicó el seguro y preguntó:
- ¿De qué material cree usted que está hecho, Belisario?
- Parecería cerámica, Ingeniero, o quizá porcelana. Por cierto, usted lo trajo con tal facilidad que parece no pesar mucho. ¿Es hueco?

Sin responder, el empresario cogió con ambas manos el objeto y, dirigiéndose al centro del despacho, dijo al momento de dejarlo caer:

- Aquí van dos millones de dólares, señor- Y sonreía ante la expresión de espanto de Belisario- Pero el objeto, que al dejarlo caer había descendido con una especie de lentitud, chocó sin ruido contra las duras locetas del piso, dio un pequeño rebote como en cámara lenta y al caer de nuevo se bamboleó tres o cuatro veces, y luego quedó parado, a semejanza de aquellos "porfiados" con que juegan los niños, sólo que en este caso se trataba de una cosa extraña y reluciente.
- Siéntese, Belisario, y le haré participar en algo que sin lugar a dudas le va a interesar mucho- dijo Hernández, complacido de la sorpresa que demostraba su amigo.

No como quien sale de un sueño sino como quien se eleva entre nubes de suavísima blancura, sintiendo en las sienes el tornasolado murmullo del universo, Belisario emergió en medio de cinco objetos de la misma rara forma. Estaba sentado a piernas cruzadas sobre una mullida alfombra, y sin sorpresa advirtió que en lugar de sus ropas de calle, estaba vestido con una bata de finísima seda color guinda, con ribetes dorados, en una amplia habitación inundada de luz esmeraldina, tenue y tibia. Algo le extrañó: no había ventanas, ni - aparentemente- techo, y sin embargo el ambiente era grato e... impalpable. En el lugar en que se debería divisar el cielo raso se notaba una bruma blanquecina, y lo que Belisario captaba daba la apariencia difusa de un recinto circular.

De pronto, se percató de la presencia de Hernández, muellemente sentado en una mecedora de mimbre, en la cual se balanceaba suavemente.
Su amigo sí conservaba sus ropas de calle, pero habíase colocado un sombrero de forma esferoidal y al cuello llevaba colgado un grueso medallón en forma de estrella de cinco puntas. "Debería parecerme absurdo esto pero lo encuentro muy natural", se dijo.

- "¿Qué lugar extraño es éste, Ingeniero?" - le preguntó; y al hacerlo comprobó perplejo que su voz era como absorbida hacia una invisible lejanía. Pensando que tal vez habíase quedado afónico iba a repetir su pregunta cuando sintió un mensaje telepático, tan vivo y risueño como eran los ojos de su amigo, que lo miraban con benevolencia:
- "No se preocupe por hablar, amigo mío"- "oyó" en su mente- "Está usted en pleno ejercicio de sus facultades superiores, gracias al influjo de la forma, que se ha multiplicado en cinco. Y lo que le parece un recinto exótico y difuso no es más que el despacho de Quintana, pero trasladado a una dimensión superior. No haga ningún esfuerzo por hablar. Simplemente envíe su pensamiento, que yo lo recibiré con la misma facilidad con que usted recibe el mío".

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Carlos Bancayán
Profesor de ciencias, poeta y narrador. Nació en l943 en Chiclayo, cálida ciudad del norte peruano. Integra la directiva de la Asociación Cultural Amigos de Max Dextre, de la Asociación de Escritores Lambayecanos, ADEL, y de la Casa del Poeta Peruano, filial Chiclayo.

En l975 publicó "Poemas dispersos", una antología de su producción primigenia, y en l979 su libro de poesías "Sentidumbres, la costumbre de sentir". "Pastor de colibríes", su tercer poemario, vio la luz en l994,y su libro de cuentos "Las formas", en l997.

Ha obtenido diversos premios, como literato y también por su calidad de promotor cultural.

También conferencista y periodista de opinión, es constante partícipe del quehacer cultural e intelectual de su pueblo.
Las formas
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