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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
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Las formas

El ingeniero Hernández se veía más entero que nunca, a pesar de que algunas canas en las anchas sienes anunciaban ya sesenticinco años bien vividos. Los castaños ojos chispeantes y el breve bigote negro (¿teñido?) que se atusaba por hábito, lo sindicaban como hombre jovial y amable, hábil y animoso.

Belisario Jiménez había llegado a visitarlo después de casi tres años de ausencia, bien invertidos en viajar como inquieto arqueólogo independiente, estudiando las antiguas civilizaciones mayas y aztecas. Hacía poco había regresado vía Lima a su costeña ciudad natal, desde México y Centroamérica, rebosante de nuevas perspectivas antropológicas, cosmogónicas y místicas.

Mimando con suavidad el cuidado bigote, el empresario incorpórese de su incómodo sillón, y dirigiéndose hacia un anaquel empotrado disimulado por una hermosa réplica de un Rembrandt, extrajo una botella de aromático licor, y dos copas.

-¿Por qué tanto misterio para su bar, Ingeniero? - preguntó Belisario juguetonamente. -Por que Gervasio, mi hermano, continúa de abstemio, y afirma que la moral de la Firma sería pésima si yo instalase un barcito visible. ¡Usted sabe cómo son los viejos!

-¡Ajá! Es usted un aprovechado y un estratega al mismo tiempo. Supongo que la consigna será no decírselo, y que la artritis de su hermano le impedirá venir hasta acá con alguna frecuencia.
- ¡Lo sabe! Pero es demasiado diplomático para dejarlo entender. ¡Ah! ¡Cómo quiero a este hermano viejo...!
- En lo de viejo no le va usted muy a la zaga, Ingeniero.
- La juventud es un estado de ánimo. Eso lo sabe usted mejor que yo, como filósofo y escritor bergante. Pero dejémonos de bromas. Voy a enseñarle algo muy interesante, previo brindis. ¡A su salud!
- A la suya y a la de los suyos, Ingeniero.

Brindaron, y después de depositar cuidadosamente la copa sobre el reluciente escritorio, el empresario timbró el intercomunicador.
- Sofía: por favor avise a Quintana que estoy yendo hacia el almacén, y que tenga listos los cajones del último envío. Gracias.- Cortó, y dirigiéndose a Belisario dijo, mientras deslizaba el cuadro y guardaba la botella detrás del mismo disimulado panel:
- Deseo enseñarle algo que sin duda le va a gustar. Me interesa mucho que venga usted empapado de la cosmogonía Maya, y además ha llegado a buen tiempo. Venga conmigo.

Belisario levantóse y ambos caminaron a través de impecables y modernos corredores. Al cruzarse con las uniformadas secretarias o los sonrientes auxiliares de la "Empresa Exportadora de Fertilizantes y Productos Agrícolas", el ingeniero Hernández tenía siempre una frase oportuna, una sonrisa o una broma para con sus colaboradores. Se respiraba un ambiente de trabajo, camaradería y franqueza. Belisario recordó, no sin emoción, que aquella Firma subvencionaba diferentes instituciones de bien social: el Centro Detector del Cáncer, la Liga de Ayuda al Ciego y la Facultad de Medicina Humana de la Universidad local. "Hombres como éste" - reflexionó- "deben ser los llamados a mover el mundo hacia la espiral ascendente que deseaba Teilhard de Chardin".

Llegaron así hasta un vasto depósito cuya doble y maciza puerta estaba abierta. Entonces don Arturo Hernández, que así se llamaba el financiero, invitó a pasar a Belisario y saludó a su encargado de almacenes diciéndole: - Buenas tardes, Quintana. Le presento al señor Belisario Jiménez.- Y luego de los cumplidos de rigor- Del último envío, ¿cuáles son los cajones del código C-317 K?
- Pasen por acá, Ingeniero. Lo estábamos esperando.- Y los guió hacia un ángulo del almacén en donde se ubicaban pilas de grandes cajas de madera. A la derecha se distinguía la abierta puerta de una oficina donde se atareaba una joven de cabello corto, sin duda la secretaria de Quintana. Este, deteniéndose, dijo al empresario: - Aquí las tiene, Ingeniero. Las dimensiones y peso coinciden con las de la guía de remisión, pero aún no las hemos abierto, según sus instrucciones.- Y señalaba cinco cajas de blanca madera, fuertemente aseguradas con delgados zunchos de metal. En sus costados se apreciaban los extraños símbolos de un idioma oriental. Al notar en Belisario una mirada de comprensión, Hernández dijo:
- Efectivamente, vienen de la India. Tenemos nexo con la Universidad de Calcuta, que está realizando admirables investigaciones en coordinación con científicos búlgaros. Quintana, traiga las palanquetas y las cizallas para desembalar una de ellas.
- Voy, Ingeniero.
- Aquellos investigadores - prosiguió Hernández- están averiguando cosas muy interesantes sobre las formas, pero han ido más allá de los que sus teorías matemáticas les indicaban, al plasmar sus modelos en un nuevo material que en Venecia ha desarrollado otro consorcio con el cual tenemos también relación. Prepárese para asombrarse, Belisario, usted que es hombre de los mejores asombros.

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Carlos Bancayán
Profesor de ciencias, poeta y narrador. Nació en l943 en Chiclayo, cálida ciudad del norte peruano. Integra la directiva de la Asociación Cultural Amigos de Max Dextre, de la Asociación de Escritores Lambayecanos, ADEL, y de la Casa del Poeta Peruano, filial Chiclayo.

En l975 publicó "Poemas dispersos", una antología de su producción primigenia, y en l979 su libro de poesías "Sentidumbres, la costumbre de sentir". "Pastor de colibríes", su tercer poemario, vio la luz en l994,y su libro de cuentos "Las formas", en l997.

Ha obtenido diversos premios, como literato y también por su calidad de promotor cultural.

También conferencista y periodista de opinión, es constante partícipe del quehacer cultural e intelectual de su pueblo.
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