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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
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Energía, tecnología e historia

A lo largo de los próximos meses presentaremos una serie de breves reflexiones sobre la relación múltiple, densa y frecuentemente conflictiva entre tecnología, energía, ecología e historia y como se manifiesta en el género de la CF. 

1. Piedra y Fuego
Es frecuente en los relatos de CF la recreación del proceso mediante el cual los humanos llegamos a manejar ciertos recursos, por ejemplo: el fuego, logro que nos proporcionó una firme oportunidad para humanizarnos. Tema que ha sido abordado desde el académico Rosny-Ainé en "La guerra del fuego" hasta McKenna en su relato: "Mi propio camino", de las peripecias de la primera a la ordalía de la segunda hay, sin embargo, un profundo hiato, no sólo en tiempo sino en los medios literarios puestos en juego para cubrir sus objetivos. En esa riqueza de abordaje descansa precisamente el atractivo del panorama del género, el fuego estará simbolizado desde el incandescente chorro de la tobera de escape de un cohete (llevado en "Efímeras" de Kevin O´Donnell hasta el paroxismo) o los cuerpos flamígeros de los mutantes de la serie X-Men.

La innovación tecnológica aparejada al fuego nos alejó de eventuales competidores, a pesar de compartir con los demás primates la capacidad de abstracción, de pensamiento y de representaciones mentales, el impulso a la democracia y la justicia (revisar artículos referidos en www.tendencias21.net) por las ventajas que se desprendían de su uso nos apropiamos de las cavernas o establecimos vivacs en el pradera, por eso es frecuente recurrir a ese elemento para significar un profundo cambio en la vida de los protagonistas. Enfrentados a la dificultad de volver a recrearlo recurren a diversas formas para lograrlo, Edgar Pangborn en "El Planeta Lucifer" (To the West from Eden) nos presenta los avatares de una de esas colonias. En forma similar Anne McCaffrey presenta en su saga sobre el "Planeta de los dinosaurios" a los sobrevivientes de la catástrofe. 

Panorámicamente para los humanos una gama de variadas actividades brota alrededor del fuego: recolección de leña u otros combustibles, conservación y cocción de nutrientes, artesanías, (trenzado, cerámica), aparición de sutilezas en el sentido del gusto y afines, cooperaciones múltiples, y postrer fruto de la necesidad de distribuir tiempos y tareas: una organización social estructurada, con objetivos y anhelos. El sexto film de la saga de Star Trek se inicia al calor de una fogata y no deja de resultar impresionante como el fuego se perpetúa de las más diversas maneras a lo largo de la historia de la CF, a pesar de su carácter primario. 

"Ciclo de Fuego" de Hal Clement con ocasión del viaje de dos jóvenes de diferentes especias reproduce la vida de los campamentos y sus tareas; en otro contexto Dan Simmons, cuando su grupo de elegidos atraviesa "Hyperion" para acudir a la Tumbas del Tiempo y al encuentro con el Alcaudón, borda con las hebras de lo cotidiano la maravilla de los sorprendentes episodios y no escasean los referidos al buen llantar en torno a las llamas. 

Otro tanto podríamos decir tanto de los dilatados periplos de lord Valantine en "Majipur" así como de los accidentados y frecuentemente febriles y sangrientos viajes en Tschai "Planeta de la Aventura"; todos de una u otra forma insistirán en la solidaridad forjada a la luz de las llamas de una hoguera. 

Hay que recordar que la mujer por la división sexual del trabajo, tanto en las sociedades de la Gran Madre como en las sociedades de pastores posteriores cumplió un papel que degeneró a la postre con la entronización de los pueblos ganaderos guerreros. En las sagas de Jean Auel, Joan Wolf y Michael & Kathleen Gear se describe con detalle como probablemente acontecieron los sucesos y como la expansión territorial se fue diferenciando del nomadeo, las visitas que intercambiaron acompañadas de genes, poemas, juegos y canciones y fueron poblando las tierras con temperaturas bajas, aún bordeando el cero, propagándose los exploradores y pioneros e ingresando a la colonización permanente de los territorios aún más difíciles de ser habitados. Huellas de ese proceso exploratorio aparecen en "Nox Perpetua" de Javier Negrete y en el viaje que realiza el científico Rocannon de la mano de Ursula LeGuin a través de un planeta sembrado del sentido de la variedad y la maravilla. 

De la habilidad de los neandertales para tallar la piedra quedan numerosos registros: La tecnología moderna no logra con similares materiales reproducir las "puntas de flecha de Folsom" o las extraordinariamente delgadas cuchillas denominadas "hojas de laurel" de los "cavernícolas". Requiere de la ayuda de cortadores a láser y de precisiones proporcionados por computadoras. 

Agreguemos albergues artificiales forrados en suavísimas pieles y abundante combustible, murales hermosos (Lascaux, Altamira) y exquisitos tallados en hueso y asta donde seguían la trayectoria de la luna, entierros de rica ritualización y costumbres que privilegiaban el ocio y la diversión, dieta rica en proteínas, estatura promedio entre 1.77 mts (hombres) y 1.65 (mujeres), excelentes dentaduras y promedio de vida entre 33.3 años (hombres) y 28.7 (mujeres), artefactos numerosos y perfectamente modelados y adaptados a sus requerimientos, y obtendremos numerosos indicios que nos entregan una visión de los cazadores-recolectores contraria a las vulgares versiones proferidas por los abanderados del "progreso", quienes inventaron penurias, dolores y dificultades incontables, miedo e ignorancia y la entronización de la relación "garras y dientes" para compararlas favorablemente con las supuestas "mejoras" logradas por la civilización capitalista: tugurios infectos para los trabajadores, metrópolis contaminadas, arte para contemplación de las élites, trabajo extenuante, desnutrición, promedio de vida para hombres no-blancos en USA 1900 de 32.5 años, estatura promedio de los hombres USA de 1.75 mts en 1960. 

La pregunta de rigor deviene: ¿Dónde encontramos visiones a contrapelo de la corriente principal, elevando la calidad de vida de especies de cazadores-colectores a límites como sólo posteriormente los descubrimientos y hallazgos arqueológicos confirmaron? en la CF, allí están los formidables aportes de Poul Anderson en relatos como "El cuerno del cazador" o su novela "Tiempo de fuego", las migraciones de los proboscidios inteligentes de Robert Silverberg en "Regreso a Belzagor" o esa minuciosa labor de reconstrucción de una civilización ejecutada con rigor y ternura por John Brunner en "El crisol del tiempo". 

La ideología emanada de las estrecheces de la visión del mundo de los burgueses ha sido demolida por los resultados de las últimas investigaciones, ya no hay como justificar una situación de iniquidad: la calidad de vida de los denigrados "cavernícolas" del Paleolítico era mejor que la de los agricultores del Neolítico (el antropólogo francés Henri Vallois realizó estudios comparativos de esqueletos prehistóricos demostrándolo), la de los súbditos romanos y la mayoría de los siervos de la gleba medievales, y aún similar o ligeramente superior a la de sectores marginales de sociedades opulentas contemporáneas. Y así Clifford Simak nos lo sugiere en "La gruta de los ciervos danzantes". 

Como colofón recordamos que una falacia semejante se ha difundido en concordancia con un rol represor atribuido al estado que significó sencillamente en muchos aspectos descender de la libertad al sometimiento o la esclavitud, ya que antes de su aparición los seres humanos gozaban de prebendas en cuanto a decisiones de trabajo (inexistencia de rutinas, capataces o procesos enajenantes), organización de sus actividades cotidianas (los materiales eran de propiedad comunal y cada cual accedía a una porción equivalente de naturaleza), ritmos individuales (muy cercanos a los circadianos y por ende más gratificantes y naturales), y sobre todo ocio y alegría. En cuanto a la violencia, distinta a fuerza y/o agresividad y cuya semilla es cultural (véanse desde los informes de la balsa Acali hasta las muestras de altruismo encontradas por los etólogos en diversas especies, por eso Freud añadiría simplemente que el "Estado ha prohibido al individuo realizar malas acciones no porque desee abolirlas, sino porque desea monopolizarlas". ("Pensamientos para tiempos de guerra y muerte"). Y con este apotegma termino esta primera incursión.

© Luis Bolaños; 30-09-03

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