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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4

Farenheit 451: Acerca de las utopías
en las que no debemos creer

Reseñar este libro tan vital en la Historia de la Ciencia Ficción podría pasar a priori como una herejía, mas se hace necesario, dada la enorme trascendencia por el significado que representa para la Ciencia Ficción -y para la literatura en general- tanto en la época en que se publicó como en la actualidad; tanto por su valor estético como por la claridad con la que describe una sociedad que, después de todo, no está demasiado lejos de ser la nuestra.

Ray Bradbury (Waukegan, 1920) es uno de esos autores de Ciencia Ficción que uno conviene en llamar clásicos. Publicó su primer relato en 1938, en una época en que la ciencia Ficción apenas nacía y no pasaba de ser un sub-genero literario destinado al mero entretenimiento popular.

Es interesante anotar que su segundo nombre, Douglas le fue puesto en homenaje al actor de películas de aventuras Douglas Fairbanks; y lo es porque Bradbury es un aventurero, no de los del tipo sobrehormonado o temerario, sino del creador, el rebelde que viaja desde el interior de su mente a confines insospechados -o no tanto- que revelan al mismo tiempo al hombre detrás de la historia.

Esta novela, probablemente, no nos diga mucho del Hombre Bradbury, pero si nos dice mucho de una época y de los secretos temores y aspiraciones de sus contemporáneos, ya que comienza con una sorprendente inversión de tema: Bomberos quemando libros en un mundo donde leerlos está prohibido.

Ese guiño al lector es apenas el principio de la inmersión en el aterrador páramo en el que se ha convertido el planeta, de tal modo que la vida, como la conoce la gente se ha vuelto un ritual anodino en el cual la gente es "feliz" pero no ama, no se entrega, no siente el peligro ni se apasiona por un ideal (tal situación social descrita no es nueva del todo, se da por ejemplo en Un Mundo Feliz de Huxley y en la recordadísima 1984 de Orwell) es decir, se ha perdido la chispa de la vida y el valor para vivirla. Siendo estas reemplazadas por un terror reverencial a "llamar la atención" y atraer por ende a las garras de la autoridad.

Para muestra de ello, la rutina del personaje principal, Guy Montag: levantarse todos los días para salir a trabajar, despedirse de una esposa que nunca conoció ni amó realmente, entrar a un trabajo en el cual la mayoría del tiempo se pasa en un compás de espera apenas matizado por juegos de cartas o conversaciones incidentales; espera que termina finalmente cuando algún ciudadano con tanto miedo como él delata a algún otro y ellos salen a convertir otra casa más en el fuego de San Telmo.

Concluida la tarea flamígera, regresa a la base a esperar, hasta que llega el turno de regresar a casa, a adentrarse en la oscuridad de una casa que, a pesar de ser suya, es del todo desconocida en sus detalles; rodeado además de tantas otras casas oscuras, donde otros Montags viven sus dramas como pueden -o quieren- 

No se puede negar que es una vida muy... entretenida.

Huxley afirmaba, en Un Mundo feliz, que la clave para la estabilidad de una sociedad era hacer que todos -o la mayor cantidad de personas- se sintieran felices. En este caso particular, tal norma parece cumplirse, al menos en la superficie; pero como Montag descubre, a través de Clarise, un tipo de persona que el común denominador de la opinión pública de la época convendría en llamar "antisocial" aunque, como podemos ver en el texto, es sencillamente ese tipo de persona que aún a principios del Siglo XXI nadie dudaría en llamar "feliz".

La espontaneidad y forma tan esencial de ver la vida de Clarise penetran dentro del universo del neurótico Montag como la luz del sol en lo profundo de una gruta. Y es que, la mayoría de veces, no necesitamos que nos sucedan cosas dramáticas o terribles para que cambiemos de actitud, sólo que alguien nos haga una sutil sugerencia.

En el apartado literario, el estilo narrativo de Bradbury me sorprendió desde el principio por su elegancia y claridad, digamos, demasiado literaria para el genero, siendo además el tema de profundización dentro de las profundidades de la naturaleza humana y una advertencia contra dos cosas al mismo tiempo: el autoritarismo que hace que la gente se idiotice como política de estado -nuestro país es un claro ejemplo- en nombre de "mantener el orden" y lo que Hesse daba en llamar en su obra cumbre El juego de los Abalorios como la "Civilización Folletinesca" en la cual el conocimiento y la cultura disponibles, así como la progenie cultural de la civilización se habían transformado en material propio de trivialidades o crónicas del corazón (o siguiendo la ley de Sturgeon "el 90% de todo lo producido es sencillamente basura") a lo cual transfiero la pregunta al lector ¿Hasta qué punto hemos permitido que nuestra cultura y/o sociedad se vuelva trivial y frivola? ¿Qué valor o valores podemos generar o esperar lograr en una sociedad en que casi todo ha llegado el extremo de no tener importancia y la afirmación de "todos por si mismos" es un aserto cercano al axioma?

La historia de Faber y Beatty acerca del derrumbe de la civilización y la cultura -dejamos de leer al final porque lo que leíamos era basura- es, creo suficiente alerta para estar en guardia contra las terribles implicancias de una sociedad como la que Bradbury describe con brillantez, es decir, contra esas aparentes utopías que siempre quitarán más de lo que pretenden dar, porque le quitan al ser humano algo sin lo cual su humanidad no podría existir: la responsabilidad de decidir y afrontar la consecuencia de sus actos. 

Termino diciendo que recomiendo este libro por muchas razones arguméntales y estilísticas, pero sobre todo, porque representa una de esas alertas que la Ciencia Ficción suele dar acerca de lo que nos espera si no asumimos nuestra responsabilidad como seres humanos. Ya es hora.


© Isaac Robles; 25-10-03

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