Noviembre 2003

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4

Dune

Tengo de Dune un recuerdo muy particular, que, al margen de sus bondades literarias, lo convierten, así como a sus secuelas, en uno de mis libros favoritos. 

Era el año 1989, y había tomado acaso la única decisión inteligente de mi vida (con la cual no fui consecuente, lo admito): decidí mandar al diablo la carrera de abogacía. En un principio, me cambié de facultad. Y para que el cambio fuera completo, vendí todos los libros que había comprado. 

En esos días, cuando era joven y mantenido, opté por emplear el dinero de la venta de los libros de derecho en adquirir "El nombre de la rosa", de Umberto Eco. Había visto el que, en esa época, era probablemente el único ejemplar que quedaba en Lima (con nuestra hiperinflación, los libros fueron artículos de lujo. ¿Fueron?). 

Pero las cosas no ocurrieron así. Cuando me encaminé a la librería, que quedaba en el centro de Lima, resultó que alguien se me había adelantado. Ya no había "El nombre de la rosa". Guardar el dinero era algo que nadie haría: a diario, perdía valor. 

Estaba en esas meditaciones, cuando decidí dar un paseo por el Jirón de la Unión, donde, aunque usted no lo crea, todavía quedaban algunas librerías. (En nuestro siglo XXI, creo que solo existe una, ubicada en las Galerías Boza). La librería en mención quedaba a la entrada del cine Bijou. No recuerdo el nombre, pero era una galería estrecha que daba a la espalda de la calle. En sus estantes, increíblemente, había libros de ciencia ficción. De Bruguera, Minotauro, Martínez Roca y Plaza & Janés. Si. Ahí estaba "Dune", cuya adaptación al cine hecha por David Lynch había visto tiempo atrás en Ica. 

¿Qué tenía Dune que me cautivó desde las primeras páginas? No eran sus diálogos (algunos cursis hasta el sonrojo), sino algo que a veces se hecha en falta en la literatura: la imaginación, y al mismo tiempo, la sensación de familiaridad.

Cuando digo imaginación, me refiero a que Dune abarca y mezcla cosas aparentemente inmiscibles: poderes mentales, medievalismo, política, religión y acción a raudales. Por supuesto, uno tiene claro desde el principio que Paul Atreides, principal protagonista de Dune, va a resultar vencedor en su lucha contra los Harkonnen. Pero en el desarrollo de esta lucha, nos encontramos con un mundo completo, complejo, acaso increíble e imposible, pero lleno de matices y detalles, al punto que he vuelto a leer Dune varias veces por el puro gusto de "volver a estar ahí".

¿Y como puede uno volver a estar en un libro? Pues lo mejor de todo es que Dune transcurre en un planeta que es un desierto... como lo es la desértica costa peruana, en la cual transcurrió gran parte de mi infancia y adolescencia. Las caminatas en el desierto, los efectos del calor, la perspectiva de ver solo arena, el sol brillando en un cielo sin nubes, la sensibilidad que se despierta con todo lo relativo al agua... Todo eso está reflejado en Dune, y quienes hayan caminado por cualquier desierto, lo saben.

Quizá por eso, la locura mesiánica de Paul Atreides no me parece tan exagerada como piensan algunos. Estar en un desierto es una experiencia única. No es que uno empiece a desvariar o a tener visiones; es como si las cosas empezaran a hablar, a darnos significados, a moverse... De repente, al igual que en Dune, uno percibe que el desierto no está tan desierto, en el sentido de vacío. Al contrario, está lleno de sentidos, de vida, pero en una medida tan justa y precisa, que uno empieza a formar parte de esa vida casi de inmediato. Uno es recibido por el desierto, y de alguna manera, modificado por él.

Precisamente, Dune es la historia de un universo que es modificado por un desierto. Un desierto que engendra a los gigantescos gusanos de arena, símbolos de la deidad y generadores de la especia. La especia, la droga que prolonga la vida de quienes la consumen, que permite a las Bene Gesserit ver el futuro. El desierto, que alberga a los fremen, tribu guerrera que espera por siglos a un feroz Mesías. El desierto, que crea a este Mesías para luego engullirlo... y devolverlo en forma de una dinastía que rige los destinos del universo por milenios.

La subtrama mas evidente de Dune es la relativa al ascenso de Paul Atreides de proscrito a emperador del universo conocido, con su correspondiente dosis de romance y acción. Paul Atreides, diestro discípulo de maestros de armas y formidables espadachines, entrenado en artes marciales exóticas, debe además enfrentar un reto que lo hace trascender como ser humano, para convertirse en un oráculo: el Kwisatz Haderach, "el camino más corto", un ser que puede ver el futuro... y alterarlo.

Así, perderá a su padre y huirá al desierto, donde los fremen le darán asilo, junto a su madre Jessica y su hermana Alia, y lo convertirán en la encarnación de su Mesías prometido. Con estas fuerzas, mas su dominio sobre la imprescindible especia, Paul se enfrentará al emperador Padishah Shaddam IV de la casa Corrino, aliado con los despóticos Harkonnen. Como no puede ser de otra manera, el duelo final entre Paul y el heredero Harkonnen, Feyd-Rautha, será un combate cuerpo a cuerpo, daga contra crys. Un crys es un cuchillo fremen, hecho con el diente de un gusano adulto.

Para un ser tan singular, el universo circundante no puede ser menos. En el universo de Dune, las computadoras y robots están prohibidos, lo que fuerza el desarrollo de los mentats, calculadores humanos cuyos servicios son muy reputados en el universo. Los viajes espaciales son monopolio de la Cofradía, cuyos pilotos o navegantes "pliegan" el espacio merced a los poderes que les confiere la especia. 

Cada grupo, cada institución que forma parte de este universo tiene en común una obsesión: el poder. Cómo obtenerlo o como incrementarlo, o cómo no perderlo. Y eso es lo que humaniza a los personajes. Los Atreides y los fremen son los "buenos", pero no dejan de mostrar rasgos de crueldad y ambición dignos de cualquier villano. Por contraste, los Harkonnen y sus aliados, summun de la intriga y la traición, se permiten a veces gestos y pensamientos llenos de nobleza y amor por los suyos. A decir verdad, en el contrapunto inicial entre el duque Leto Atreides y el barón Vladimir Harkonnen, éste último da muestras de mayor lucidez y perspicacia, frente a una nobleza "a lo bestia" retratada en el duque. Uno podría pensar que, de no haber muerto el duque Leto, habría que matarlo por pesado.

En la primera novela, las Bene Gesserit son acaso el grupo más ambiguo de todos, en sus finalidades y métodos. Aliadas con el emperador, esta agrupación de brujas (nunca mejor empleado el término) busca un objetivo que tal vez ellas mismas no comprenden, a pesar de la experiencia y sabiduría acumuladas. En las posteriores entregas de Dune, Frank Herbert les lava la cara y las convierte en las buenas de la serie, igual que al resucitado Duncan Idaho, quien resultará ser, sorprendentemente, el verdadero protagonista de la historia del universo conocido, precuelas incluidas. 

Tras la publicación de Dune, el autor escribió además El mesías de Dune, Hijos de Dune, Dios Emperador de Dune, Herejes de Dune y Casa Capitular: Dune. Tras la muerte de Frank Herbert (1986?), su hijo Brian Herbert y Kevin J. Anderson continuaron las historias del universo conocido, aunque con una clara opción por la space-opera, a contracorriente de la impronta basada en la manipulación política y los vastos escenarios temporales de Herbert papá. Ya van tres precuelas (Casa Atreides, Casa Harkonnen, Casa Corrino, editadas en español por Plaza & Janés), y se vienen novelizaciones de temas tan puntuales como el Jihad Butleriano o el nacimiento de la Bene Gesserit. Quien sabe, un día veamos publicadas las memorias eróticas del Duque Leto, o un talk-show entre Duncan Idaho y sus clones, o el recetario "Cocinando con especia" de Jessica & Alia Atreides, derechos reservados.. 

Y pensar que todo comenzó en un desierto....


© Daniel Salvo; 24-10-03

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