Noviembre 2003

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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
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Greg Egan: Sobre locura y transhumanismo 

Alguna vez alguien me preguntó de que trataba la ciencia ficción. Mi respuesta fue "se trata de ver más allá de lo evidente" en el momento, me pareció algo esquiva a decir verdad, pero hasta donde mi experiencia me ha permitido comprobar, esto es cierto; ya que es característica de este género la diversidad de propuestas o posibilidades especulativas abordadas - válidas y no tanto.- en todos los niveles del quehacer humano (y probablemente, del alienígena también)

Es por esto mismo que asociamos inconscientemente la palabra Ciencia Ficción a la palabra futuro, producto de la ligazón cultural que nos ata a la creencia que el futuro es ese terreno incierto donde las ideas no tan válidas ahora abordarán validez o serán creíbles y/o descartadas sumándose a toda aquella información que, al contrario de la materia o la energía, si se destruye.

Hablar, teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, de la obra del escritor australiano Greg Egan (Perth, 1961) es, probablemente, hablar de un complejo tapiz donde muchos elementos se entremezclan engarzados dentro de un fundamento solidamente científico. Pero estos elementos tienen casi todo que ver con un aspecto de la realidad: la condición humana.

Y es que si bien su obra, como es hasta cierto punto previsible para un graduado en matemáticas e interesado en la mecánica cuántica y la programación de computadoras, está llena de elementos de anticipación -Inteligencias Artificiales, viajes espaciales, teorías acerca del origen y la estructura del universo o acerca del papel que los observadores tenemos en su mera existencia- estos elementos tienen siempre algo que ver con lo humano, o mejor dicho, con la postura que los seres humanos adoptamos ante la avalancha de cambios derivados de los cambios tecnológicos y por ende de los flujos de información.

Así, tenemos a Paul Durham, protagonista de Ciudad Permutación, es un hombre obsesionado con la inteligencia y la vida artificial, tanto así que se sumerge a sí mismo en una simulación de su transferencia de conciencia a la red (ya que en esa época podemos copiar nuestro software a la red y vivir como programas auto conscientes en la red de supercomputadores) para probar una descabellada teoría, a Andrew Worth, protagonista de El Instante Aleph, quien decide cubrir el congreso científico del centenario de Einstein dejando de lado la propuesta de trabajar en el reportaje de la plaga de moda de la época motivado por un remordimiento de conciencia, o a Nick Stavrianos, protagonista de Cuarentena, un detective privado que se ve envuelto en una conspiración aun más terrible de lo que se podría imaginar e incluso a Tchicaya, protagonista de su última novela Schild´s Ladder, quien ante la aparición de un fenómeno que amenaza la existencia del universo como lo conoce, toma la decisión de tratar de entenderlo y encontrar alguna forma de convivir con ello.

Todos estos personajes presentan el elemento común de la búsqueda de ubicación dentro de su contexto, no son en lo más mínimo aquellos "héroes" perfectamente conscientes de su relevancia en los eventos en desarrollo, y es más, se les podría catalogar de marginales o individuos desequilibrados, con vidas oscuras y poco claras. Tal vez el autor trata de enfatizar en esto el hecho de que los que están al margen son los que escriben las innovaciones decisivas, quizás también la relación que existe entre la genialidad y la locura, o sencillamente refleja su propio universo personal a través de ellos. Los hace evolucionar y asumir papeles que no podríamos esperar al iniciar la lectura y que constituyen, hasta cierto punto, hábiles giros de tuerca de mano del autor.

Egan, además, teje toda una serie de ambientes y condiciones sociales que general la atmósfera en la cual los personajes encontrarán su destino, cada una reflejando una especulación acerca de los usos y peligros del abuso de la tecnología, así, en Cuarentena tenemos al uso de la nanotecnología como implantes en el cuerpo humano, que a la vez que nos permiten conectarnos directamente sin necesidad de mayores aparatos (tómese nota del concepto BAN: Body Area Network) nos abren posibilidades insospechadas y peligrosas derivadas del uso de ciertos parámetros de la mecánica cuántica. Todo dentro del oscuro ambiente de una Hong Kong instalada en Australia. En Ciudad Permutación, una serie de personajes inmersos en sus propios dramas en un mundo en manos de la red, donde la informatización y los sistemas inteligentes son cosa muy común; En El Instante Aleph, el mundo del 2050 está totalmente dominado por los avances en biotecnología, que permiten parches que evitan el jet-lag, interfases de sistemas expertos que insertan en tu cuerpo las medicinas que te hagan falta, autistas voluntarios que lo son a través de la supresión de un área del cerebro y no dos, sino siete géneros (tres tipos de masculino o masc, tres tipos de femenino y un asexuado, o asex) además de toda una estructura socioeconómica diferente basada en la masificación de la red e incluso, un espacio para la rebelión, Anarkia, isla artificial creada por científicos opuestos a las poderosas transnacionales Biotecnológicas. Y en Schild´s Ladder a un universo conquistado por una humanidad viajera que no "viaja" sino transmigra transfiriendo su software corporal de cuerpo en cuerpo.

Así, es muy frecuente la sensación de, al estar leyendo un libro de Egan, verse transportado a una "realidad" donde el concepto mismo de "realidad" está en tela de juicio (los muchos universos cuánticos en Cuarentena, el universo de "copias" autoconscientes de Ciudad Permutación, la importancia del observador para el entendimiento del universo en El Instante Aleph y la convivencia con un universo coherente por si mismo, pero de reglas muy distintas en Schild´s ladder) es esta sensación de vértigo y de atmósferas oscuras y opresivas las que llevan a algunos a relacionarlo con la obra del gran Phillip Dick o de Stanislaw Lem, de quienes comparte algunos elementos, pero ensamblados en patrones absolutamente extraños. 

Podríamos concluir diciendo que Egan, en algún sentido postmoderno es un humanista de nuevo cuño, me explico: llegados a este nivel de conocimiento, descubrimos que lo "humano" tiene cada vez menos que ver con lo sagrado y más que ver con lo estrictamente material. ¿Dónde encontrar entonces motivaciones o razones a partir de las cuales crear nuestros juicios de valor?. Pues dentro de nuestras propias conciencias y dentro del necesario reconocimiento que tenemos que hacer de nuestro papel como participantes en el gran juego del universo, ausentes de la arrogancia que caracteriza a nuestra especie en la actualidad y de su tan mentada condición de "hija de Dios" (quien haya leído el final de Ciudad Permutación concordará conmigo en que el altísimo no sale muy bien parado de esa). A pesar de haber logrado los "sueños" que tanto hemos buscado: la inmortalidad (Física o Cibernética) la eterna juventud (concepto irrelevante cuando uno puede cambiar de cuerpo o no tenerlo si así lo desea) y la comprensión de las misteriosas reglas del universo (o eso creíamos) el debate ético que percibimos está mucho más aterrizado en términos de una aceptación de los hechos mas no en la imposición de criterios antropocéntricos a estos. Esta postura intelectual tiene que ver con lo que se llamaría Transhumanismo, o la idea que la evolución del ser humano hasta ahora es sólo el principio y que debemos usar la tecnología para ayudar a nuestra evolución. Premisa que, aunque aparentemente válida, tiene un fallo bastante grueso.

La dirección de la evolución no está dada por algún "plan maestro" como Jacques Monod, Richard Dawkins y Stanislaw Lem han señalado oportunamente sino por la determinación del óptimo adaptativo correcto de entre miles de posibilidades en la sopa genética. La tecnología, al interferir, direcciona intencionadamente la evolución biológica del ser humano. ¿Hacía qué futuro?, ya somos lo bastante inmediatistas como para ponernos a pensar en términos biológicos de evolución, cosa que, por otra parte invalida la evolución natural. ¿Hasta que punto inducir a la evolución no obedecerá sino a los caprichos de algún loco o a la insanía de algún secreto grupo de manipuladores? -atentos, amantes de las teorías de conspiración- irrogándose el privilegio de dirigir la evolución humana (para mayores referencias, la serie de anime Gene Shaft es recomendable).

Así, Egan no nos habla de futuros brillantes y felices, sino de atmósferas oscuras y desorientadoras, donde cada decisión abre un abanico de posibilidades imposible de cerrar y que nos llama a asombro y reflexión acerca de que tal vez apenas hemos atisbado a una pequeña parte de lo que los seres humanos somos capaces de lograr o destruir en el proceso de seguir avanzando en pro de nuestras "utopías" sin ser del todo conscientes de las consecuencias. 

De cualquier manera, las tendencias en ese sentido parecen estar comenzando a converger en la actualidad, sólo el tiempo y nuestras acciones lo definirán.


© Isaac Robles; 31-10-03

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