|
El
desencanto es una sensación que recorre al espectador al
termino de la película. Una película que pese a los innegables
meritos técnicos y arguméntales que posee adolece de un final
abrupto que nos deja en vilo y pensando -¿como se les ocurrió
terminar así?- Pero vayamos por partes y cucharadas:
La
historia ahonda en los poderes de Neo, en esta segunda entrega
el héroe ya maneja el mundo virtual con maestría y es capaz de
dominar casi totalmente su entorno, sus compañeros -Trinity,
Morfeo, etc.- colaboran eficazmente con él. Aquellas escenas
donde participan los tres están repletas de acción. Acción
que atrapa al espectador, sin embargo la parte dedicada a la
ciudad de Zion, sus habitantes y modo de vida fallan, no
enganchan al espectador, no son creíbles -afortunadamente son
breves- Mención aparte merece la fiesta comunal que es todo un
acierto.
El argumento abandona el hilo conductor de la primera parte -La
imposibilidad de poder saber con certeza cual es la realidad- y
se centra en el tema del libre albedrío, el poder de decidir,
la futilidad de las cosas que consideramos importantes. Pero no
cuaja, no es capaz de interesar emocionalmente al espectador y
se recurre a recursos melodramáticos básicos -resurrección de
Trinity por ejemplo- enrumbándose la película hacia la acción
pura y dura.
Visualmente
Matrix Recargado es impactante y si la vemos como
entretenimiento puro, cumple su cometido, mas de las tres
cuartas partes de la película son absorbentes y eficaces, solo
el final súper colgado la malogra -¿Neo como Dios?-. Con un
poco de esfuerzo la cosa les hubiera salido redonda.
Finalmente
solo nos queda esperar la tercera parte -Matrix Revoluciones-
que ojala sea tan entretenida como esta segunda parte.
(c) Víctor
Pretell; junio de 2003.
|