El nunca bien ponderado Isaac Asimov, reflexiona sobre la ironía en la literatura. Este ensayo apareció originalmente en IASFM y ha sido traducido por Tsunan Lendor, un aficionado a la obra del Buen Doctor.
Es bien conocido que no sé nada sobre el oficio de escribir de un modo formal. Constantemente me lo digo a mí mismo. No obstante, ser un director editorial tiene sus deberes y sus exigencias. Por ejemplo, debo contestar a las cartas de los lectores, y debo tener en cuenta sus disgustos con los relatos y la política editorial. Y eso significa que algunas veces me veo forzado a reflexionar sobre las técnicas de la escritura.
Eso me lleva al tema que nos ocupa, la cuestión del uso de la ironía por los escritores.
En el ensayo anterior, hablé sobre la sátira, y ambas, la sátira y la ironía, se presentan juntas a menudo; de hecho, algunas veces se las confunde y se las trata como si fueran sinónimos. ¡Pero no lo son!
La sátira, como ya expliqué, consigue el propósito de castigar los males de la humanidad y de la sociedad a través de la exageración. Pone esos males bajo una lupa con la intención de hacerlos claramente visibles.
La ironía lo hace de forma distinta. Podemos tener un indicio de su propósito del hecho de que “ironía” procede de una palabra griega que significa “disimulo”. Una persona irónica debe fingir, al igual que Sócrates, el irónico clásico, quien en sus diálogos con otros fingía ignorancia una y otra vez. Hacía todo tipo de preguntas ingenuas destinadas a atrapar a un adversario con exceso de confianza, el cual se precipitaba en tomar posiciones que luego resultaban ser indefendibles frente a posteriores preguntas igualmente ingenuas formuladas por Sócrates.
Naturalmente, Sócrates no era un ignorante ni las preguntas eran ingenuas, y su forma de proceder se conoce como “ironía socrática”. Bien nos podemos imaginar que aquellos que sufrieron su blanda mordacidad no llegaron a tenerle mucho aprecio, y sospecho que se ganó a pulso el trago final de cicuta.
Sócrates puso para siempre de moda la ironía. Fingía ser ignorante cuando era agudamente inteligente, y desde entonces los irónicos siempre han fingido que creían lo contrario de lo que querían que el lector entendiera. En lugar de exagerar los males que quieren denunciar, los transforman y afirman que son buenos.
El satírico provoca la risa mediante la exageración; el irónico provoca la indignación usando lo diametralmente opuesto. El satírico es a menudo amable; el irónico suele ser brutal y amargo. Comparativamente, la sátira es una técnica suave cuyo propósito se comprende fácilmente. La ironía es una técnica difícil y su sentido se pasa por alto frecuentemente, y puede ser que el irónico se encuentre de repente sosteniendo una espada de dos filos con la que al final se hace un profundo corte.
La mayoría de los satíricos se dan el gusto algunas veces de hacer ironía; recuerdo exactamente cuándo me encontré con la ironía por primera vez. Cuando era un muchacho estaba leyendo los Papeles póstumos del club Pickwick, de Charles Dickens, y en el capítulo 2 encontré la descripción que hace Dickens de la “benevolencia general” de Tracy Tupman. Escribe Dickens, “El número de casos... en los que este hombre excelente envió a aquellos necesitados de caridad a las casas de los demás miembros, en busca de prendas de segunda mano o ayuda pecuniaria, es casi increíble.”
Me quedé atónito. Pensé para mis adentros que no era demasiado amable por parte de Mr. Tupman enviar a los pobres a los demás miembros, en lugar de darles algo él mismo. Por eso, ¿cómo podía ser benevolente? Y después de un instante, se me hizo la luz. Él no era benevolente. De hecho decidí indignado que era un miserable tacaño, y mi simpatía por él se vio estrictamente limitada durante el resto del libro y para siempre. No sabía que lo que había leído era ironía, pero comprendí desde entonces el concepto y al final aprendí la palabra.
Si usted quiere leer un trozo salvaje y prolongado de literatura que contiene gran cantidad de ironía, le remito a El extranjero misterioso, de Mark Twain, que no se publicó hasta que no estuvo muerto y a salvo. Pero le advierto que no es una lectura agradable. No obstante, aclara con toda certeza los amargos sentimientos de Twain respecto a la humanidad y a los diversos males que parecían (según Twain en cualquier caso) estar indisolublemente ligados a ella. Y puede que por lo menos durante un tiempo, le enemiste a usted con la humanidad.
Sin embargo, incluso ese escrito debe quedar en segunda posición respecto a la máxima cumbre de todos los tiempos en ironía mordaz – un panfleto de Jonathan Swift, publicado en 1730 aproximadamente, que se titula Una humilde propuesta para impedir que los hijos de los pobres en Irlanda se conviertan en una carga hacia sus padres o su país y que sean de provecho para el público. Swift estuvo destinado en Irlanda y pudo ver de primera mano y con enorme indignación la forma brutal y fría como los ingleses sumergían al pueblo irlandés en una pobreza indefensa y sin remedio.
Por lo tanto indicaba que ya que la única cosa que se les permitía a los Irlandeses producir y mantener para su propio uso eran sus hijos, se podría suministrar a los padres el dinero que necesitaban, y a los demás el alimento requerido, si esos niños irlandeses eran vendidos para ser engordados, sacrificados y puestos a la venta en la carnicería. De forma absolutamente descarada y con una increíble ingenuidad, resaltaba todas las ventajas que reportaría dicho canibalismo.
Si algo podía provocar vergüenza e incluso arrepentimiento en los responsables de la situación de los irlandeses era ese panfleto. Indudablemente muchos de los que lo leyeron se sintieron avergonzados, e incluso algunos cambiaron sus actitudes y su comportamiento. No obstante y en términos generales la explotación de los irlandeses continuó sin alteraciones durante aproximadamente dos siglos, lo cual no dice nada bueno de la humanidad.
Aún así, debemos saber que no todo el mundo tiene un “sentido de la ironía”, que no es en absoluto lo mismo que el sentido del humor. Creo firmemente que una persona puede tener uno y no tener el otro. Es posible confundirse con el engaño de argumentar lo contrario de lo que uno realmente cree, como me pasó durante unos minutos con la descripción que hace Dickens de la benevolencia de Tupman. Por supuesto, al final caí en ello, pero si me hubiera faltado el sentido de la ironía, supongo que no habría caído.
De hecho, hubo personas buenas y amables que leyeron el panfleto de Swift con indignación, no por el maltrato hacia los irlandeses, sino por el aparente apoyo frío e inmoral que hacía Swift del canibalismo. Creyeron que era eso lo que quería decir, y lo denunciaron con una vehemencia desmedida.
Finalmente, esto me trae al caso Asimov’s, ya que algunas veces lo que publicamos contiene ironía, y si la ironía es difícil de manejar incluso para el maestro absoluto de este arte, el bueno de Swift, se puede comprender que es un instrumento realmente delicado para los pobres mortales.
En el número de febrero de 1984, Tom Rainbow escribió un artículo de opinión titulado “La sensibilidad y el extraterrestre soltero”, que trata de los requisitos para eso que se llama inteligencia, sensibilidad y conciencia. Describe los tipos de extraterrestres que podrían o no poseer tales cosas.
Sólo por el título se puede decir que escribe de un modo humorístico, y realmente cuando leemos el ensayo encontramos que está diciendo cosas perfectamente serias de una forma deliberadamente divertida.
En un lugar usa la ironía. Hablando de los requisitos de la conciencia en términos de la proporción entre el cerebro y el cuerpo, señala que el cerebro de la mujer es más pequeño que el del hombre, pero pasa lo mismo con sus cuerpos, dejando la proporción cerebro/cuerpo aproximadamente igual en ambos sexos. (De hecho, si hay alguna ventaja, es para las mujeres) Con fuerte ironía, escribe, “... este razonamiento nos conduce a la conclusión un poco sorprendente de que las mujeres deben ser seres conscientes.”
¿Cómo podemos pensar que Rainbow cree en realidad que la conclusión es “sorprendente”? Está usando un disimulo irónico. El finge creer que es sorprendente (y al poner en cursiva “seres concientes” está indicando tipográficamente su asombro) para que en el fondo entendamos que no es sorprendente, y que los que consideran a las mujeres como seres inferiores son ignorantes e incluso estúpidos.
Y para hacerlo más claro, se pone en la irónica posición de estos paletos y dice en la siguiente frase, “qué porras, tíos, si hasta las chicas son seres concientes, entonces todavía hay esperanza para las Cebolletas en Vinagre Dill.”
El uso del término adolescente “qué porras”, y el igualmente adolescente “tíos”, y el cambio de “mujeres” a poner “chicas” en cursiva, todo indica que no está hablando su propia persona y que desprecia tal actitud. Supone –pobre hombre- que sus lectores tienen el sentido de la ironía.
Bueno, sí lo tienen en general.
Pero siempre hay excepciones, y unas pocas mujeres han escrito cartas indignadas afirmando que esto era insultante. Una dijo que no era nada bonito ni gracioso.
Realmente no. La apología del canibalismo de Swift tampoco era bonita ni graciosa, pero él pretendía otra cosa distinta.
Ciertamente, todo el panfleto de Swift se dirigía al mismo objetivo, mientras que Rainbow simplemente trajo el tema del cerebro de la mujer como un asunto colateral, y quizás si lo escribiera de nuevo puede que decidiera ser más juicioso y no permitirse el mencionarlo. –Pero señoras, por favor, el hombre está de vuestro lado y trata de demostrarlo usando esa espada de doble filo, la ironía. Podéis opinar que la ironía no funciona, pero eso no significa que Rainbow sea vuestro enemigo.
PALABRAS FINALES: Tom Rainbow publicó numerosos artículos de interés para los lectores de ciencia ficción en las páginas de Asimov’s, y Shawna McCarthy era muy aficionada a sus escritos. Lo estaba preparando (decía ella) para convertirlo en “otro Isaac Asimov”. Y entonces, justo antes de su trigésimo cumpleaños, persiguiendo a un tren, resbaló, cayó entre dos coches y fue atropellado.
(c) Isaac Asimov, Traducido por Tsunan Lendor para
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