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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4

Los Simulacros: una entrega menor

Philip K. Dick (1928-1982), es sino la mayor, una de las mayores voces de la Historia de la Ciencia-Ficción, introduciéndonos a visiones impresionantes del universo.

Dick fue un hijo de los convulsos 60's, tiempos en los que diversas corrientes de opinión sobre la sociedad y la política se encuentran en un choque dramático: las drogas, los movimientos sociales -entre ellos los hippies- la psicodelia, todo ello enmarcado dentro de un ambiente ciertamente represivo contra aquellos opuestos al Establishment. A lo largo de su carrera literaria, Dick va repitiendo en mayor o menor medida estos elementos de su universo personal como impresionantes aditivos a sus especulaciones, que sobre todo, son de interés social. Dick nunca hablará de los grandes avances tecnológicos ni de las posibilidades cosmológicas de tal o cual descubrimiento, sino está el hombre de por medio en todo ello, el ser humano y su rol dentro de un universo que no alcanza a comprender del todo. Es por ello que la represión de parte de los poderosos, la búsqueda de la libertad -o de la identidad- y la alucinación como escape a la realidad (por medio de las drogas u otro adminículo oportuno) casi siempre se dan en su obra.

Esta novela tiene muchos -o casi todos- los elementos del universo Dickiano, engarzados también dentro de un ambiente que se encarga de dar una atmósfera opresiva y exótica al relato, a saber: resultados de una guerra nuclear, poderes totalitarios y represivos de los cuales emergen intereses oscuros y paralelos a la ley (la posibilidad de emigrar fuera del planeta como un escape menos prometedor aún que la vida en la Tierra) y singulares personajes que desafían tanto las normas de sanidad mental como nuestras propias percepciones de él.

Lo interesante -y lo no tanto- del libro parte a colación de exactamente los mismos temas, lo cual, tratándose de Dick, dice ya mucho. Y es que las premisas sobre las cuales Dick asienta su narrativa en este caso o no llegan a fructificar del todo o no se entienden, veamos:

El contexto geopolítico del mundo; Con una bipolaridad centrada entre dos bandos: Los comunistas y los capitalistas, que siéndolo son gobernados por un politburó, que se escude bajo la presencia de la carismática regente Nicole Thibodeaux -otra farsa- y su consorte, Der alte "elegido" por el pueblo en dudosos comicios (siempre se elige a quien el buró manda a ser elegido, es más, este ni siquiera es real) o gente que vive en edificios comunitarios, donde la supervivencia está determinada por su recepción a un constante adoctrinamiento de "los valores de la nación" -otro engaño totalitario y que incluye a la figura de Nicole como objeto de culto- Así, la gente vive internamente para su comunidad, pero externamente para los conglomerados transnacionales que son otro factor en la estructura de poder.

Hablando de las transnacionales, estas configuran un poder aparte, ya que los favores que conceden a los gobiernos crea una relación de dependencia mutua de la cual no se puede esperar nada sino inestabilidad, es precisamente esta relación la que cataliza la tragedia final. Un dato curioso a tener en cuenta es el de la AG Chemie, cuya terapia química logra que se proscriba la profesión de psiquiatra, aunque nunca se entiende bien del todo que papel juega esto dentro de las posibilidades de la historia, aquí queda un ángulo que pudo haber sido mucho mejor explotado por el autor.

Hasta aquí, Dick establece las bases para hablar de una distopía, pero no resuelve con tino la dinámica de los fenómenos que él mismo pone en marcha. Por ejemplo, el papel del partido de Goltz, que nunca llega a estar claro del todo, o la relevancia del demente -y dotado de Percepción Extra Sensorial- Kongrosian en el devenir de los acontecimientos. Y es que en el caso que Dick, que nos ha mostrado a personajes estremecedoramente humanos en otras entregas, en esta no llega a convencer. La vida y los dramas de los ciudadanos comunes que se ven enredados en la historia no pasa de una mera excusa del autor para seguir narrando una historia que de no ser por algunos detalles rescatables (el doble juego político de Nicole o de la supuesta Nicole, y la extraña presencia de los involucionados, entre ellos) pasaría por demasiado previsible.

A eso se suma el hecho de que el autor no se decide del todo a imprimir un ritmo definido a la historia, que pasa demasiado rápido en los momentos clave y demasiado lento en los no tan relevantes. La resolución de la historia llega al final, por pulsos, con un final, siempre en la línea de Dick, abierto a más interrogantes de las que resuelve.

En suma, una entrega menor de un gran autor, que precisamente por ello no esta desprovista de interés, aunque es preferible leerlo de un sólo envión y no pensar demasiado en el mundo que propone, no sería creíble, ni cuando fue editado, ni ahora..


© Isaac Robles; 29-11-03

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