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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
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La Literatura y la Ciencia-Ficción

Se suele afirmar que la ficción científica comienza con la famosa "Historia verdadera" de Luciano de Samosata, escritor griego y satírico que vivió en el siglo segundo de nuestra era.
La ficción científica no podía surgir en tanto no existiera la verdadera ciencia. Y los primeros pobladores de la Tierra, los que vivieron entre los hielos del último período glacial, no pueden haber tenido un concepto real de la naturaleza del universo, por que ellos pensaban que el sol y la luna eran dioses y que la Tierra era plana y los cielos giraban a su alrededor una vez al día. Al iniciarse los grandes descubrimientos de la antigüedad, la ciencia se hallaba estancada. Se creía que la Tierra flotaba sobre un océano sin límites, mientras que en otros pueblos se sostenía que la Tierra reposaba sobre el caparazón de una descomunal tortuga.
La aparición de la astronomía se va a iniciar con la aparición de la filosofía griega, hacia el año 600 a. de J.C. Los griegos realizaron una especie de revolución en el pensamiento humano, y no tardaron en hacer su primer descubrimiento importante en el campo de la astronomía: "la Tierra no es plana, sino esférica".

Aquel progreso no se efectuó de una manera súbita: Jenófanes de Colofón (que vivió alrededor del 500 a. de J.C. ) sostenía que el Sol estaba constituido por "nubes encendidas"; que cuando se sumergía en el mar al anochecer, se apagaba.
Fue verdaderamente Anaxágoras de Clazomene el primero en afirmar que la Luna "es un cuerpo sólido, con montañas, llanuras y barrancos". Con lo cual queda abierto el camino a la astronomía, que ahora llamamos "ficción científica". Y que "si la luna es parecida a la Tierra", bien pudiera ser que estuviese habitada, y también podría ser posible llegar a ella.
Como estamos viendo, el aporte de los sabios griegos, no fue menos importante en el campo literario. Plutarco, hacia el año ... de nuestra era, escribió: "La faz de la luna", sin ser un científico. Claro está que rechazó la posibilidad de que estuviera habitada por hombres, pero si... por espíritus. Que a las almas que no alcanzaban la perfección, se les reexpedía a la Tierra - de manera inflexible-, hasta corregir sus defectos.
Será medio siglo después que encontramos-por su valor literario- la primera narración genuina de ficción científica. Nos referimos a la "Historia verdadera" de Luciano de Samosata, el más grande satírico del mundo antiguo, cuya obra fue traducida al inglés el año 1634.

¿Qué nos dice Samosata, respecto a "Historia verdadera"?: "No se me debe dar ningún crédito, porque lo que digo son una sarta de mentiras". Es probable que no mintiera, por relatar que en Venus, "la estrella vespertina contaba con un ejército de arañas mayores que una isla y más de treinta mil combatientes montados sobre pulgas". Es posible que mintiera al afirmar que los selenitas odian el sexo, por considerarlo algo sucio e impuro. Y al morir, se convertían en humo y no había necesidad de enterrarlos.
Aparte de esta obra, Luciano nos plantea en "Icaromenipo", otro tema también interplanetario: deseaba Icaromenipo saber ardientemente de que materia estaba compuesto el Sol, así que se hizo de un par de alas - arrancadas de un buitre y un águila- y, se remontó al cielo en busca de una información más directa. A su regreso los dioses del Olimpo se molestaron mucho, tomaron a mal la intrusión de este mortal y tan pronto pisó tierra, Icaromenipo fue privado de sus alas para impedir un nuevo intento de volar. Como observarán: "no fue muy drástico" el castigo. Se limitaron sólo a quitarle las alas.

Esta fábula lucianesca, tuvo multitud de imitadores, pero no el mismo final; en agosto de 1955 cuando el gobierno americano dio a conocer su programa de satélites artificiales, éstos fueron denunciados por un celoso clérigo quien calificó dicho proyecto como algo perverso e impío... Así que el gobierno americano lo mandó al diablo. Es decir, "al cura", y continuó con las investigaciones.
Luciano de Samosata sigue siendo una figura solitaria -¡qué duda cabe!- : tuvo que aguardar mil quinientos años para poder ser leído y encontrar emuladores. Lo que quiere decir que, con el final de la grandeza griega la literatura prácticamente dejó de existir, la edad de las tinieblas se extendió por Europa; el Imperio Romano se desmoronó y a las hordas bárbaras, más les interesó las guerras y el pillaje que... las bellas artes.

Se ha dicho que la ciencia-ficción es el equivalente contemporáneo de los cuentos de hadas y leyendas y también que, el género responde básicamente a un deseo de racionalizar los antiguos mitos, de hacerlos compatibles con nuestra escéptica era tecnológica dándoles una base más o menos científica.
Si bien es cierto que la ciencia-ficción recurre con frecuencia a viejos símbolos y mitos, no hay que deducir por ello, que se trata de una neomitología. Por que el mito es básicamente conservador, en cambio la ciencia-ficción por el contrario es básicamente progresiva, pues al plantear innumerables alternativas, al subrayar errores, taras y posibilidades, muestra la contingencia y la arbitrariedad de ese orden establecido. Al estimular la imaginación y la actitud especulativa, se convierte en una importante arma contra la rutina y el conformismo.
Por tanto, "si bien hay una relación entre mitología y ciencia-ficción, es más de ruptura, de antítesis, que de continuidad", como lo afirma Carlo Frabbeti.

La obra clásica de ficción siguiente, fue escrita, no por un literato, sino por un astrónomo y matemático alemán. Uno de los más grandes con que contó la humanidad: Johann Kepler, descubridor de las "leyes que rigen los movimientos de los planetas", quien demostró que la Tierra giraba alrededor del sol.
"Somnium" - estupenda obra de Kepler- , fue publicada en 1634. Una de las leyes favoritas de Kepler era la de que los planetas emitían una música maravillosa e inaudible para el oído humano, compuesta para el exclusivo recreo de un Ser Supremo, cuyo espíritu tenía el sol por morada.
La vida de Kepler - cosa terrible- fue un calvario de enfermedades y pobreza. Encima, su madre de 74 años fue encarcelada bajo acusación de brujería. Kepler se fue de este mundo en 1630.

Cyrano de Bergerac - autor dramático, nacido en París el año 1619, famoso y célebre gracias a la obra de Edmond Rostand-, fue uno de los primeros autores en hablar de los vuelos espaciales o "principios de reacción". Cyrano utiliza en una de sus obras un ingenioso método de propulsión a chorro para sus viajes: el rocío. El razonamiento que empleó era sencillo: todo hace pensar que el Sol absorbe el rocío; según esto, un hombre que llevara consigo suficientes botellas de esta sustancia, debe ser absorbido con ellas, y ... así llegaría a la luna. En su obra "Viajes a la luna y al sol", abundan situaciones jocosas. Nos cuenta - por ejemplo- que en su viaje al Sol descubrió árboles que hablan, hombres capaces de metamorfosearse, etc. Claro está que, por lanzar estas teorías, fue acusado de hereje.

En 1752, Voltaire (escritor francés) publica un curioso libro titulado "Micromegas", en el que por primera vez un ser procedente de otro planeta - cuya mente y cuerpo eran gigantes- nos visita. Un ser al que la ballena le parecía algo microscópico y se alimentaba de montañas. Se engullía dos montañas por día.
El gran Voltaire fue la figura más notable del anticlericalismo, pero cuando viajaba siempre llevaba la Biblia consigo. Un amigo, sorprendido por este hecho, le preguntó: "Voltaire, ¿lees tu la Biblia?". "Sí, con frecuencia", le contestó. "Pero tu... No comprendo" balbuceó el amigo. "Es natural. Cuando se tiene un pleito, es necesario conocer a fondo los documentos del adversario".

Casi al finalizar el año 1865, van a aparecer dos obras de gran importancia: "De la Tierra a la luna" de Julio Verne y el "Viaje a Venus" de Achille Eraud. Ambos de origen francés. El primero de ellos, de una rica imaginación; el segundo, muy pobre.
Verne escribió tres novelas de viajes interplanetarios: "De la Tierra a la luna", "Viaje alrededor de la luna" y años más tarde - casi en la postrimería de su vida- "Héctor Servadac".
Julio Verne no nació en julio. Nació un 8 de febrero de 1828. Su padre era abogado y quiso que su hijo también lo fuese, pero el quería ver mundo, recorrer mundo. Un día se escapó de casa, subió a un velero, se hizo a la mar, el padre lo pescó en el primer puerto que ancló - por que tenía muy buenos amigos - , le dio una buena paliza y... lo tuvo varios días a pan y agua. Así que los viajes siguientes que llevó a cabo, fueron imaginados por él.
Su perpetua pasión por los libros llevó a Verne a pasar por momentos sumamente difíciles. Vivir - por ejemplo- de ciruelas y pasas durante tres días, por no tener trabajo. Así que no tuvo más remedio que bajar la cabeza y escribir a su padre la siguiente carta: "Los calcetines que llevo puestos, no me creerás, son como una tela de araña en la que hubiera vivido un hipopótamo... Ni siquiera el tío Prudent - cuya capacidad para eso siempre fue notoria-, podría tener un par de calcetines con unos agujeros tan grandes como los míos. Jamás vi a estos agujeros - los míos- reproducirse con tan asombrosa fecundidad. ¡Diría que estoy pisando el aire, caminando en el vacío...!"

Julio Verne, inauguró la ciencia ficción moderna. Escribe "La jornada de un periodista americano en el año 2889" - publicada póstumamente en 1910-, donde describe a través de un cronista los fenómenos políticos y sociales, así como los avances tecnológicos del momento, como la televisión (al que llama telefoto), los transplantes de órganos, entre otros. Verne muere en 1905, honrado y llorado por todos los países del mundo. Estoy seguro que si Verne hubiera echado mano de recursos propios menos dotados y, poblado los planetas con seres extraños, no habría ocupado el lugar que hoy ocupa; pero su amor al detalle, su insistencia en la verosimilitud científica y su correcto sentido del humor - que nunca descendió a lo chocarrero-, hoy lo levanta por encima de sus imitadores.

Aunque algunas veces se diga que H.G. Wells fue el Verne británico, pues no pudo haberse buscado hombres más diferentes, por lo tanto, compararles no hace justicia a ninguno de los dos. Acaso, desde el ángulo puramente literario, la influencia de Wells sea mayor que la de Verne, pero eso es todo. Wells solo en los primeros años de su carrera literaria escribió ficción científica, y muy poco al final de ella.
Herbert George Wells, célebre escritor británico, nacido en Londres en 1866, autor de novelas satíricas y de relatos de ciencia-ficción como "La máquina del tiempo" (1895), -que contiene alarmantes proyecciones del futuro, donde la degradación máxima de la humanidad está representada por un mundo antropófago-; así como la novela "Los primeros hombres en la luna", etc. , obtuvo su licenciatura en Ciencias, pero jamás pretendió ser un científico. Fue ante todo un novelista y no un técnico. Nunca se preocupó en poner trabas a su imaginación. Prueba de ello es su famosa novela "El hombre invisible". Tampoco se preocupó por dotar a la luna de una densa atmósfera y de una lujuriosa vegetación, ni poblar a Marte con repulsivos monstruos. Pero eso sí: trató de "hacer verosímil" todo cuanto escribió.

Se podría decir que sus mejores trabajos de fantasía están en tres libros de relatos cortos: "La historia de Plattner y otros relatos", "Cuentos del espacio y del tiempo" y "Doce historias y un sueño".
Describe en una de ellas un mundo que ocupa los mismos "espacios" y "tiempos" que el nuestro, pero... en otra dimensión. Un mundo parecido a la antimateria.
En "La verdad sobre Pyecraft", relata la historia de un hombre preocupado por su gordura, que bebió un día una repugnante pócima que garantizaba la pérdida de peso y, cuyos resultados fueron diferentes, inimaginados. Su gordura continuó siendo tan pronunciada como antes, pero con una diferencia: disminuyó tanto de peso que - de pronto-, se encontró flotando en el techo de su habitación.
No se conoce tema de ficción científica- podemos afirmar-, que no haya sido anticipado por Wells. Pero su obra cumbre fue "La guerra de los mundos". En ella introduce el tema de la amenaza a la Tierra. Tema que desde entonces, obsesiona a los escritores de ficción científica: que los marcianos son seres terroríficos.
Wells fallece en 1946. Su muerte dejó un vacío en el mundo de las letras que, por muchos años, ha sido difícil de llenar.

Mutantes y robots

Un esquema típico del relato de ciencia ficción consiste en presentar una hipotética sociedad futura opresiva y despersonalizadora, en la que, de pronto, un individuo que ha vivido siempre integrado se rebela, descubriendo nuevas perspectivas de libertad, al margen de lo que creía era el único mundo posible. Como en el caso del personaje de la novela "Fahrenheit 451" y de tantos otros rebeldes símbolos.
Hay quienes tratan de señalar el carácter "romántico" de la ciencia ficción. Y no es así, por cuanto la buena ciencia ficción acostumbra llevar implícita, además, una crítica del sistema opresor que motiva la rebeldía y una búsqueda de alternativas libertadoras.

El tema de los robots, u hombres mecánicos, no tiene nada nuevo. En cambio, el de los mutantes si.
¿Qué es un mutante? En latín, significa "cambiar" y se puede definir a un mutante como un ser que difiere de sus padres, con algunas características propias.
En 1930, John Taine escribió un relato titulado "La estrella de hierro" en el que describía la caída en África de un extraño aerolito que esparcía radiaciones de carácter dañoso. No mataba, pero producía degeneraciones en el cuerpo humano. Desgraciadamente, después aparece la escuela tremendista, y el mutante fue transformado en un ser repulsivo y sanguinario. Y también, apareció el telépata.
Los telépatas de la ficción científica son verdaderos lectores de mentes, capaces de sondear la de cualquier hombre y extraer de ellos sus pensamientos. ¿Cuál sería la reacción popular si apareciera entre nosotros un auténtico, un verdadero telépata...? Posiblemente provocaría un caos. ¿Se imaginan ustedes a un político, prometiendo mil cosas al pueblo a puertas de las elecciones? ¿E imaginan ustedes a un reo frente a un juez telépata...?
Olaf Stapledon, en su obra "Juan Raro" (1935), nos habla de un muchacho dueño de excepcionales poderes que consigue reunir a otros seres como él y fundar una fantástica colonia en una isla. Al final... todos los telépatas son destruidos por miedo, por estar enterados de lo "que pensaba el otro".
A los robots se les suele agrupar en apartado diferente. Es que el robot no es más que una máquina a la que se le ha dado forma de hombre: incluso, dotársele de habla mediante un disco de gramófono. Así que es lógico que en las novelas los robots estén más avanzados. Claro está que, dotárseles de alma , eso ya es fantasía.
Sabemos hoy que hay robots que juegan muy bien el ajedrez, aunque no sean siempre tan irascibles como el descrito en 1893 por Ambrose Bierce en "El amo de Moxon", donde nos cuenta acerca de un robot que se disgustaba tanto al recibir un jaque mate que, inclinándose hacia delante, estrangulaba con su puño de hierro a su contrincante humano...
El único comentario a favor que puedo hacer a esta hipótesis, es que ningún robot desempeñaría las funciones de gobernante del mundo... peor que el hombre.
Está totalmente generalizada la idea de que la ciencia-ficción es un género que se ocupa del porvenir. Esto induce a un error: pensar que la ciencia-ficción, debido a su índole futurista, está desconectada de la realidad actual. Porque buscar en el futuro, no es más que preguntarse hacia dónde vamos, qué consecuencias pueden acarrear nuestras actuales circunstancias.
Es probable que los autores hayan empezado a darse cuenta de que no hace falta trasladarse con la imaginación a lejanas galaxias y eras remotas en busca de lo asombroso. Lo asombroso, lo increíble, lo demencial y lo alucinante se encuentran a nuestro alrededor, en todas partes. Bastaría con que los periódicos contaran la verdad para que, a su lado, las más delirantes fantasías del escritor más imaginativo parecieran triviales... he aquí un ejemplo:

ROBOT 3

"Ingenioso como era, César Orozco desarmó su vieja máquina de contabilidad, le agregó unas latas vacías de kerosene, otras de avena y armó el robot con el que tanto había soñado: ¡Robot 3! Llegada la noche se acostó, pero al día siguiente se dio con la sorpresa de que el robot había fabricado cinco robots más y cada quien se aprestaba a fabricar otros cinco.
-¡Qué es esto! - exclamó sorprendido, pero los robots no le prestaron atención y siguieron trabajando.
Deseoso de poner sus ideas en orden, se fue a la ciudad a consultar lo que debía hacer. Cuando al caer la tarde regresó, encontró a su hermosa licuadora, adquirida a plazos y sin cancelar, convertida en un armatoste andante.
Su máquina de lavar en otro robot.
Su radio en otro robot.
Su heladera igualmente, en otro robot.
Quiso protestar, pero no fue oído por la bulla que hacían.
A la mañana siguiente, la situación llegó al colmo porque su cama y hasta su taza de noche habían sido utilizados para construir nuevos robots.
Pensó bajar a la ciudad y dar parte a la policía, pero descubrió que los robots habían desarmado su automóvil para seguir con la robótica súper-producción.
A los quince días los robots terminaron con la casa y se dirigieron a él. Lo metieron en un caserón de ancha puerta, lo raparon, le pusieron uniforme y gorro, le enseñaron a saludar rígida y automáticamente, lo hicieron caminar a campo traviesa: ¡un-dos, un-dos!; le quitaron el cerebro para que no pensara y solo obedeciera órdenes sin dudas ni murmuraciones; le enseñaron a violar mujeres, arremeter contra enemigos invisibles y, por último, a matar gente que nunca había visto.
Así se construyó el primer robot humano."

La radio, el cine y el teatro

La ficción científica, hasta el último cuarto de siglo, estuvo limitada a obras impresas. Por lo tanto, pocos han sido los intentos de llevarla al teatro. La primera pieza que se conoce - según informes- parece haber sido "Un hombre en la luna" de Godwin (bajo el título "Las maravillas del sol" el año de 1706. Mucho más reciente: "Yo he estado antes aquí" de J.B. Priestley, en donde describe un viaje a través del tiempo. Y en 1954, "El otro lado de la luna" de Thelma Oates.
Sin duda alguna, la radiodifusión y la pantalla son las que más posibilidades han ofrecido hasta el momento. La primera vez que se radió una obra de ficción científica fue la de "Hombre de Marte"; serie que se radiaba a la hora infantil por los años 30. La obra gira alrededor de un gigante muy amistoso que llegaba a la Tierra sin ningún traje espacial, ni nada que se le pareciera. Al final, se llevaba al terrestre más malo y volvía la paz deseada. Bueno es explicar que, por aquellos días, la ciencia-ficción era considerada como cosa de niños, de manera que sólo se radiaba a la hora infantil. Hasta que un día... un 31 de octubre de 1938 ocurrió un episodio que cambiaría el modo de pensar en el mundo. ¿Cuál fue el motivo? ¿A qué se debió...? A la adaptación- por radio- de la famosa novela de H. G. Wells, "La guerra de los mundos". ¿Qué sucedió...? ¡Que miles, millones de oyentes, confundieron el anuncio de una nueva radionovela con un boletín auténtico de noticias, y se produjo el pánico en masa. Se vociferó la noticia de marcianos invasores, de rayos térmicos, de carnicería entre los humanos, el incendio de ciudades, hasta que las cosas escaparon de control.

En Concrete, Estado de Washington, se cuenta que - por rara coincidencia- las luces se apagaron de verdad en el preciso instante que la radio anunciaba que "los marcianos, en manadas, hollaban el suelo de los Estados Unidos"; sus habitantes, aterrorizados, creyeron llegada su última hora; así que las mujeres se desmayaron, los niños lloraban y los hombres se preparaban para echarse al monte con sus familiares y cuanto éstos pudiesen llevar. En Harlem, el barrio negro de New York, centenares de personas -afirman- se pasaron en las calles toda la noche rezando.
Los propaladores de rumores no faltaron. Para su desgracia, fueron muchos. Una señora afirmó - por ejemplo - haber escuchado por la radio que habían centenares de muertos. "El propio presidente Roosevelt lo anunció por la radio... ¡reconocí su voz!". Otros aseguraron haber visto a los marcianos, y hasta hubo casos de hombres que dijeron haber presenciado cómo sus parientes y amigos se convirtieron bruscamente en cenizas.
Algunos -muy pocos- llevados por la lógica, pensaron que "de seguro, los Estados Unidos están siendo invadidos por rusos, japoneses o franceses".
¿Qué conclusiones se pueden sacar de esta supuesta invasión de Marte...? En primer lugar: en el anuncio inicial se indicó claramente que el programa era ficticio; por lo tanto, aquellos que se dejaron dominar por el pánico habían sintonizado tarde la emisión. En segundo lugar: influyó mucho la inestabilidad emocional de las personas que dijeron "haber visto u oído" a tales marcianos. Y finalmente: que una auténtica invasión procedente de otro mundo, que encontraría a la humanidad mal preparada para acudir en su defensa.
Los que si se beneficiaron con este pánico fueron los farmacéuticos y curanderos, quienes vendieron píldoras para los nervios y demás yerbas por toneladas.
La "radiomanía" hoy ha perdido muchos adeptos de la ciencia-ficción desde el final de la segunda guerra mundial, los cuales pasaron a la televisión, como todos sabemos.
La ciencia-ficción es la frontera de la mente y de la imaginación humana. La forma de las cosas futuras. Es decir, profecías imaginativas de la literatura de evasión. Es ... un escritor de ciencia-ficción investigado por el FBI por publicar lo que iba a pasar en Hiroshima y en Nagasaki un año antes; es decir: "adelantarse al tiempo", publicar una información reservada acerca de algo oscuramente secreto.
Es todo eso: una pesadilla y un sueño. ¿Y no vivimos acaso hoy una pesadilla y un sueño...?
La literatura de ciencia-ficción se podría agrupar en obras que "científicamente son inexactas" y en las que "se ajustan todo lo posible a los conocimientos actuales de la ciencia". Si existe alguien que rechace este género por considerarlo infantil, tendrá que "ignorar" entonces - por la misma razón- a Homero y los dioses de la mitología griega.

Desde años atrás, la ciencia-ficción empezó a introducirse directa o indirectamente al teatro. Muchas de las obras del famoso y célebre escritor norteamericano Ray Bradbury fueron llevadas al cine, adaptadas al teatro a la televisión, como "Crónicas marcianas" y "Fahrenheit 451". Esta última postula un futuro dominado por la posesión de la información: el leer estaba prohibido.
Alemania nos ha regalado no ha mucho un programa diferente y novedoso: una pieza interespacial de marionetas.
Se puede decir que el lanzamiento continuo de cohetes y sputniks despertó el interés por este género en algunos países de Sudamérica. En el Perú, donde hacer teatro resulta difícil debido a la angustia económica por la que atraviesan las instituciones culturales, se puede decir que empezó en 1953 con "Los robots" de Capek y con la Compañía Nacional de Comedias. La llegada del Teatro Experimental de la Universidad de Chile y la presentación de la famosa trilogía sobre el tiempo de Priestley ("Esquina peligrosa", "El tiempo y los Conway", y "Yo he estado antes aquí"), sirvió para avivar un poco más la llama de los teatreros peruanos. El grupo "Histrión, teatro de Arte", presentó "Los bastidores del alma" de Gogol, bajo la dirección de Vidal Luna. Y llevados por este triunfo, -en mayo de 1964- se estrenaron dos obras futuristas: "1999" de Juan Rivera Saavedra, y "Los monstruos del espacio" de Estela Luna, en el teatrín del Pasaje García Calderón, en Lima; obras que permanecieron por espacio de dos meses en cartelera.
"1999" nos habla de la deshumanización del hombre y venta de órganos humanos, cuando no se hacía aún el primer transplante en el mundo. Así que bien podemos decir que se trata de una obra futurista, como lo es - del mismo autor - "Las armas de Dios", escrita en 1969, y "La mosca doméstica", de 1967.
El año 1962, atraídos por aquella nueva temática, la Asociación de Artistas Aficionados anunció el estreno de "Los mirmidones" de Juan Ríos, -obra que gira sobre una posible invasión de las hormigas del mundo subterráneo al mundo exterior- que por razones que desconocemos fue retirada de cartelera el día de su estreno.
Lamentablemente, en nuestro país la literatura y el teatro de ciencia-ficción no se alienta como en Inglaterra, donde hay concursos anuales. Y pese a que ayuda a abrir la mente del lector, desarrolla la imaginación y nos hace soñar - ver - el mañana que nos espera.
Michel Carrouges no se equivocó al afirmar: "Si hay una literatura que puede llamarse folklore moderno por excelencia, ésta es la ciencia-ficción".

© Juan Rivera Saavedra. Lima, 1972

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