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Ciencia Ficción Peruana en Velero 25.
Creada: Julio 2003
Actualizada: Agosto 2004
Derechos Reservados: Ediciones Quinx
©
Quinx 2003
Lima - Perú 200
4

Luz de Luna

Cuando era muy joven leí varios relatos y vi varias películas que presentaban a algún desafortunado individuo con la tendencia a convertirse en lobo al llegar la luna llena.
No obstante, la lógica que había detrás me confundió. ¿Por qué la luna llena? Había visto con frecuencia la luna llena y me había expuesto a su luz y nunca sentí ningún tipo de efecto como consecuencia. ¿Era la luz de la luna sustancialmente distinta de la luz del sol o de la luz artificial?

Si vamos a eso, ¿era la luz de la luna llena distinta de la luz de la luna un día después o un día antes? Apenas sabía describir la diferencia en la forma de la luna cada uno de esos tres días. Por lo tanto, ¿cómo podría distinguirla un hombre-lobo? ¿Y sobre una base de todo o nada además? ¿No debería ese hombre-lobo transformarse en un 95 % de lobo el día antes o el día después de la luna llena? De hecho, ¿No debería volverse mitad lobo la noche de media luna? No podía encontrar respuestas satisfactorias a estas cuestiones, así que la salida más fácil fue decidir que los hombres-lobo no podían ser afectados por la luna de la forma en que se describía. (Cuando me hice mayor, empecé a darme cuenta de que había cuestiones mucho más serias que aparecían en este asunto de la transformación de seres humanos en lobos, y concluí que no podían existir eso que se llama hombres-lobo.)

Este asunto de atribuir extraños poderes a la luz de la luna continúa, no obstante. Cada cierto tiempo, por ejemplo, oigo informes sobre estudios estadísticos que parecen demostrar que las drogas tienen efectos marcadamente distintos sobre el cuerpo humano de acuerdo a las fases de la luna, que los crímenes violentos, los homicidios y los suicidios son particularmente numerosos cuando la luna está llena, etc., etc. Por tanto parece que hay algo en las viejas creencias de la gente sobre la importancia de la luna, como aquélla de que cada planta debe ser sembrada en una fase lunar concreta.

Como escritor de ciencia ficción me sentí automáticamente atraído por estos indicios, por los argumentos que sugerían, nada más; pero como científico, debía parar y reflexionar –toda vez que, siendo objetivos, no puedo confiar en mí mismo en mi aspecto de escritor de ciencia ficción.
En primer lugar, sé muy bien que los seres humanos han sido conscientes de la forma cambiante de la luna desde tiempos prehistóricos. Los primeros calendarios se basaron en el ciclo lunar, y de este ciclo surgieron diversos conceptos religiosos, matemáticos y científicos. La luna era tan increíblemente importante para el pensamiento primitivo de la humanidad que es muy natural suponer que se le atribuyeran a la luna toda clase de poderes aunque en los hechos estos poderes no existan casi con toda probabilidad. (Así, la conexión entre la luna y la locura se considera una tontería, pero de todas formas se incluye en nuestro vocabulario la palabra “lunático”.)

Por consiguiente, es posible que la gente esté tan predispuesta a creer en los efectos de la luna, que al acumular estadísticas sobre el tema se están dejando persuadir inconscientemente al seleccionar los datos para demostrar lo que ya se inclinan a creer; esto es, que el comportamiento humano varía con las fases lunares.
Y supongamos incluso que se reúnen más y más estadísticas, que los resultados se convierten en irrefutables, y que se tiene que admitir que las fases de la luna tienen importantes efectos sobre el comportamiento humano. ¿Cómo podríamos explicarlo?
Uno podría concluir que la luz de la luna tiene algún efecto poderoso sobre los seres humanos por alguna razón todavía desconocida. Sin embargo, aunque es una salida atractiva para los que tienen tendencia al misticismo, es ciencia incorrecta. Uno no se apoya en lo desconocido hasta que todos los posibles efectos conocidos son investigados y no se encuentra explicación.

Por ejemplo, un factor obvio que cambia con las fases de la luna es la cantidad de luz que cae sobre el paisaje por la noche. En la época preindustrial, la gente que tenía que viajar de noche habría preferido, si tenía la posibilidad, viajar durante la semana de luna llena, para que así hubiera la máxima luz posible (suponiendo que no hubiese nubes), Por razones parecidas cuando Astronomy Island (un grupo de astrónomos aficionados) se preparan para su excursión anual de verano a Bermuda para observar las estrellas, escogen invariablemente la semana de la luna nueva, de modo que la luz de las estrellas no sea estorbada por el brillo de la luna.

No obstante, éste no es el comportamiento (lógico y voluntario) en el que estamos interesados. ¿Qué pasa con el efecto de la luna en la reacción a las drogas o en las psicopatologías? ¿Hay algo diferente entre la luz de la luna y la del sol? Después de todo, el brillo lunar es sólo luz solar reflejada. Ciertamente, la luz procedente de la luna está polarizada en parte, pero también lo está la luz dispersa procedente del cielo diurno.

Una cosa a la que la luna sí afecta es a las mareas. La atracción de la luna, ejercida con mayor intensidad en el lado de la Tierra que la está mirando, que en el lado opuesto, produce dos jorobas de agua, y cualquier punto dado de la Tierra atraviesa estas jorobas en intervalos de doce horas. Más aún, las jorobas de agua crecen o disminuyen al cambiar las fases lunares. Las fases cambian según la posición de la luna respecto al sol, y cuando el sol ejerce su atracción en una dirección paralela a la de la luna (en luna llena o en luna nueva), las jorobas alcanzan su punto máximo. Cuando el sol está en ángulo recto con la luna (cuarto creciente o menguante), las jorobas descienden a su altura mínima.

De aquí se sigue que cada doce horas hay un ciclo de marea alta/baja, y cada dos semanas un ciclo de marea alta máxima/mínima.

¿Pueden afectar las mareas a los seres humanos? En una primera reflexión, no podemos entender cómo lo hace, pero es cierto que afecta a las criaturas que pasan su vida a la orilla del mar. El flujo y reflujo de la marea debe estar íntimamente ligado al ritmo de sus vidas. Así por ejemplo, cuando llega la marea máxima puede ser la ocasión propicia para poner huevos. Por consiguiente, el comportamiento de tales criaturas parece estar relacionado con las fases lunares. No hay ningún misterio al examinar esta conexión luna/marea/comportamiento. Pero si quitamos el punto intermedio y consideramos solamente una conexión luna/comportamiento, estamos cambiando un punto de vista racional por uno semimístico.

Pero, ¿qué conexión puede haber entre los gusanos y los peces que viven a la orilla del mar, y los seres humanos?
Seguramente hay una conexión de tipo evolutivo. Ahora nos podemos considerar muy apartados de las criaturas de la marea, pero descendemos de organismos que, hace 400 millones de años, vivían probablemente en la zona de transición tierra/mar y se veían íntimamente afectados por los ritmos de la marea. En efecto, pero eso fue hace 400 millones de años. ¿Podemos deducir que los ritmos de la marea de aquélla época nos siguen afectando ahora? No parece probable, pero es una posibilidad concebible.

Después de todo, podríamos argumentar lo siguiente:
Todavía tenemos unos cuantos huesos al final de nuestra columna vertebral que representa todo lo que queda de una cola que nuestros antepasados dejaron de tener hace al menos 20 millones de años. Poseemos un apéndice, el resto de un órgano que no ha sido usado por nuestros antepasados incluso desde antes. Del mismo modo, las ballenas y las pitones tienen pequeños huesos que representan las patas traseras que tuvieron sus antepasados hace muchos millones de años; el polluelo del hoatzín (1) tienen dos garras en cada ala que datan de una época antes de que los pájaros desarrollaran las alas totalmente emplumadas; el caballo tiene huesos finos que representan todo lo que queda de dos pezuñas laterales que una vez tuvo en cada pata, pero que ya no posee. En nuestro propio caso, nosotros (y otros mamíferos), como embriones, desarrollamos incluso el principio de unas agallas que desaparecen rápidamente, pero que se remontan a aquellos tiempos en que nuestros antepasados eran criaturas marinas.
Tales órganos residuales son bien conocidos, y aparecen en casi todos los organismos (y representan una evidencia extremadamente sólida a favor de la evolución biológica). ¿Por qué no debería haber restos residuales de antiguas propiedades bioquímicas y psicológicas? En particular, ¿Por qué no podríamos conservar algunos aspectos de los viejos ritmos de la marea?

Nuestras complejas mentes pueden verse todavía influidas rítmicamente por los ciclos de doce horas y de catorce días que afectaron a nuestros antepasados hace tantos millones de años. Esto puede ser inaudito y sorprendente, y sin embargo racional y creíble. No obstante, omitir el componente de las mareas en la cadena de causa y efecto, y suponer que nuestro comportamiento se ve influido por las fases de la luna es con toda probabilidad embarcarnos en una empresa mística que no nos conducirá a nada. ¿Cómo podemos demostrar este ritmo de las mareas de forma más efectiva? ¿Existe algo mejor que continuar simplemente reuniendo datos y relacionar el comportamiento con las fases de la luna?

Me parece que si estos ritmos afectaran cosas tales como nuestra respuesta a las drogas, o nuestra tendencia a estados violentos o depresivos, entonces los ritmos tienen que afectar a nuestros procesos internos. Debe haber un ciclo de catorce días de subida y bajada en la producción de hormonas o en el equilibrio hormonal, o una subida y bajada en la actividad de nuestro sistema inmunológico, o de nuestros receptores cerebrales sensibles a las drogas, o de varios aspectos de nuestra neuroquímica.

Tales variaciones en nuestra bioquímica serían mucho más persuasivas, creo, que el estudio de efectos que aparecen y desaparecen. Entonces tendríamos más razones sólidas y menos pamplinas (2).

PALABRAS FINALES: Después de aparecer este ensayo, recibí algunas cartas airadas de mujeres que me amonestaban por no mencionar el ciclo menstrual. Al parecer creían que esto demostraba de mi parte un prejuicio antifeminista. En todos los casos respondí diciendo que nunca imaginé que nadie pudiera creer que existía una conexión. Por todo lo que puedo entender de mi conocimiento de la mujer, el ciclo menstrual es a menudo irregular, y a veces irregular en extremo. Incluso el periodo medio no es exactamente igual al ciclo de la luna, y realmente no se da el caso de que la llegada de la menstruación coincida con la luna llena ni con ninguna otra fase. Más bien, en cualquier semana, sea cual sea la fase lunar, aproximadamente la cuarta parte de las mujeres en la edad apropiada están menstruando. Entonces, ¿por qué el periodo menstrual es casi igual al ciclo lunar? ¿No podría ser una coincidencia? (Por cierto, los periodos menstruales de los demás primates distan mucho de parecerse al ciclo lunar.)

(C) Isaac Asimov; Titulo Original: Moonshine
Traducido por Tsunan Lendor para Grupoasimov@yahoogroups.com 

  1. Nota de la traducción: Hoatzín, también hoacín y guacha raca del agua, nombre común de un ave sudamericana que podría estar emparentada con los cucos, aunque la estructura del pie del hoatzín sea diferente. El adulto mide unos 36 cm de largo y suele ser de color castaño oscuro con marcas blancas en el vientre. Tiene una larga cresta eréctil de plumas sueltas. Sus alas y patas son cortas, los pies grandes, y su cola, larga y ancha, está ribeteada en tonos amarillos. Se alimenta de los frutos y hojas de varios árboles que crecen a lo largo de las riberas tanto del río Amazonas como de otros cauces de Bolivia, Colombia y Venezuela. El hoatzín posee un buche muy grande donde almacena las hojas. El adulto desprende un olor almizclado desagradable. Es un ave arborícola; aunque en ocasiones vuela lenta y torpemente, prefiere trepar a las ramas de los árboles. Los polluelos salen del cascarón con garras funcionales en los dígitos segundo y tercero de las extremidades delanteras que, al ir desarrollándose las plumas de las alas, degeneran.
    Clasificación científica: el hoatzín compone la familia Opistocómidos, orden Galliformes. Su nombre científico es Opisthocomus hoatzin.
    [Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2003. © 1993-2002 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.]

  2. Nota de la traducción: juego de palabras intraducible. En el original “more solid reasoning and less moonshine”. La palabra “moonshine” significa ‘luz de luna’ y también ‘tontería’.

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